miércoles, 19 de enero de 2011

El coste de no escuchar a la naturaleza

 Un cataclismo ambiental, social y humano se ha abatido en la segunda semana de enero sobre las tres ciudades serranas del Estado de Río de Janeiro, Petrópolis, Teresópolis y Nueva Friburgo, con cientos de muertos, destrucción de regiones enteras y un inconmensurable sufrimiento de quienes perdieron familiares, casas y todos sus haberes. Sus causas más inmediatas han sido las lluvias torrenciales propias del verano, y la configuración geofísica de las montañas, con poca capa de suelo sobre el cual crece una exuberante floresta subtropical, asentada sobre inmensas rocas lisas, que a causa de la infiltración de las aguas y el peso de la vegetación provocan frecuentemente deslizamientos fatales.

Se culpa a las personas que ocuparon las áreas de riesgo, se incrimina a los políticos corruptos que distribuyeron terrenos peligrosos a la gente pobre, se critica al poder público que se mostró indolente y no hizo obras de prevención por no ser visibles y no atraer votos. En todo esto hay mucha verdad, pero la causa principal de esta tragedia avasalladora no reside en eso. 






La causa principal deriva del modo como solemos tratar a la naturaleza. Ella es generosa con nosotros, pues nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir, pero en contrapartida la consideramos como si fuera un objeto del que podemos disponer a capricho, sin sentido de responsabilidad por su preservación y sin que le demos retribución alguna. Al contrario, la tratamos con violencia, la depredamos, arrancando todo lo que podemos de ella para nuestro beneficio. Y encima la convertimos en un inmenso basurero de nuestros desechos. 

Todavía peor aun: no conocemos su naturaleza ni su historia. Somos analfabetos e ignorantes de la historia que se realizó en nuestros lugares a lo largo de millares y millares de años. No nos preocupamos de conocer su flora ni su fauna, las montañas, los ríos, los paisajes, las personas significativas que vivieron ahí, artistas, poetas, gobernantes, sabios y constructores. 






Somos en gran parte todavía deudores del espíritu científico moderno que identifica la realidad con sus aspectos meramente materiales y mecanicistas sin incluir en ella la vida, la conciencia y la comunión íntima con las cosas que los poetas, músicos y artistas nos evocan en sus magníficas obras. El universo y la naturaleza tienen una historia que está siendo contada por las estrellas, por la Tierra, por la afloración y la elevación de las montañas, por los animales, por los bosques y selvas, y por los ríos. Nuestra tarea es saber escuchar e interpretar los mensajes que nos mandan. Los pueblos originarios sabían captar cada movimiento de las nubes, el sentido de los vientos, y sabían cuando venían o no trombas de agua. Chico Mendes con quien participé en largos recorridos por la selva amazónica de Acre sabía interpretar cada ruido de la selva, leer las señales del paso de la onza en las hojas del suelo, y con el oído pegado a la tierra conocer la dirección que llevaba la manada de peligrosos cerdos salvajes. Nosotros hemos olvidado todo eso. Con el recurso de las ciencias leemos la historia inscrita en las capas de cada ser, pero este conocimiento no ha entrado en los currículos escolares ni se ha transformado en cultura general. Antes bien, se ha vuelto técnica para dominar la naturaleza y acumular. 






En el caso de nuestras ciudades serranas es natural que haya lluvias torrenciales en el verano. Siempre pueden ocurrir desmoronamientos de las laderas. Sabemos que ya se ha instalado el calentamiento global que hace estos sucesos más frecuentes y más intensos. Conocemos los valles profundos y los riachuelos que corren por allí. Pero no escuchamos el mensaje que nos envían, que es no construir casas en las laderas, no vivir cerca del río, y preservar celosamente la vegetación de las riberas. El río tiene dos lechos: uno normal, menor, por el cual fluyen las aguas corrientes y otro mayor por donde se vacían las grandes aguas de las lluvias torrenciales. En esta parte no se puede construir ni vivir. 





Estamos pagando un alto precio por nuestro descuido y por la destrucción de la Mata Atlántica que equilibraba el régimen de lluvias. Lo que se impone ahora es escuchar a la naturaleza y hacer obras preventivas que respeten el modo de ser de cada ladera, de cada valle y de cada río. 


Sólo controlamos la naturaleza en la medida en que la obedecemos, sabemos escuchar sus mensajes y leer sus señales. En caso contrario tendremos que contar con tragedias fatales evitables. 
 

Leonardo Boff

Buenas Noticias

“Si nunca lamentaste el carecer de alas para no profanar la naturaleza con tus crueles pasos humanos, entonces nuna has amado esa tierra. (…) Puedes mirar a lo alto todo lo que quieras: no conocerás el estremecimiento de los raros encuentros con esa tierra menospreciada al caminar. (…) El mismo hombre que va de puntillas por las losas de la iglesia, escupe en los jardines…”
 E. Cioran
Brevario de los vencidos

“En cuanto alguien se sale de su marco original […] El hombre nació para vivir con los animales…y se lanzó a una aventura que no es natural, es extraña, con que ya no tiene un marco definitivamente fijado. Pero esta aventura del hombre es anormal, se vuelve necesariamente contra él”.
“…el hombre (…) debería haber vivido una existencia estacionaria, cercana a la animalidad, sin orgullo ni ambición”.

“Las especies animales habrían durado millones de años si el hombre no hubiera acabado con ellas”.

“Creo que el hombre está condenado (…) Si todo va bien, acabará degenerado, impotente: una caricatura de sí mismo, un animal degenerado. Todo lo que el hombre hace se vuelve contra él (…) Esa es la gran ironía de la historia como destino del hombre, que no consiste sino en corromperse”

E. M. Cioran. Publicado en el libro Conversaciones con E. M. Cioran  (editado en español por Tusquets Editores, con traducción de Carlos Manzano)




2 comentarios:

  1. bellisimo y veraz texto nos regalas hoy, un besin muy muy grande de esta asturiana que te da las gracias por ello, los humanos somos el unico peligro para la naturaleza y los animales.

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  2. Gracias, compañera, por tus amables palabras. Me alegro de que te haya resultado interesante el texto.
    Es gratificante encontrar reflexiones de personajes inteligentes y con sensibilidad que nos muestran la necesidad de abrir los ojos y cambiar el rumbo en lo que respecta al trato con la naturaleza y los animales que en ella habitan. Sólo los necios pueden despreciar la responsabilidad que el ser humano tiene en el planeta.
    Un abrazo

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