domingo, 5 de diciembre de 2010

Máscara y rostro de un torturador

En "El Aguafiestas" , biografía de Mario Benedetti escrita por Mario Paoletti, he encontrado algunas menciones sobre el papel del torturador en la obra del escritor y poeta uruguayo. Por supuesto, Benedetti escribió en diversas ocasiones sobre los rasgos personales de estos individuos,  pero ahora me gustaría mencionar  estas notas que me han resultado interesantes enfocándolas en nuestra “ingenuidad o ignorancia” que nos impiden reconocer al torturador que convive con nosotros en nuestra sociedad, que puede ser nuestro vecino, un pariente, alguien que, mientras las circunstancias lo permiten, lleva puesta una máscara que oculta su verdadera personalidad. Quizá por el miedo al peso de la ley no se atreve a dar rienda suelta a sus bajos instintos asesinos, pero cuando las leyes cambian y la tortura puede ser legal, aparece su verdadero rostro, sin máscara engañosa.


 

Apuntes de “El Aguafiestas”:


   “En el cuento “La vecina orilla” (de su obra “Con y sin nostalgia”) Dionisio, el compañero de una militante torturada, comenta: “ ¿No te parece imperdonable que sólo hayamos calculado nuestra victoria y jamás nuestra derrota? Ésa es la prueba de que estábamos inmaduros. Pensábamos que el enemigo era un caballero conservador y resultó ser una bestia asesina”.
   Dionisio exagera: nadie había pensado que el enemigo era un caballero conservador. Pero es cierto, en cambio, que la ferocidad de la represión (en Uruguay, como en cualquier otro conflicto armado) tomó a todos por sorpresa. ¿Ingenuidad o ignorancia? Porque la tortura no era algo nuevo y desconocido. Si hasta se la podía ver en cualquier película. Pero los torturadores de las películas tenían uniforme nazi, ojos japoneses o acento de bajo fondo norteamericano, mientras que estos torturadores de ahora, en cambio, son uruguayos como vos y como yo, viven en nuestro mismo barrio, llevan a sus hijos a las mismas escuelas que nosotros llevamos a los nuetros, son hinchas de Nacional o de Peñarol igual que nosotros, su mujer va a la misma peliquería que la mía y hasta algunos de ellos están casados con algunos de los míos o de los tuyos. Mario descubre que tiene una incapacidad biológica para entender cualquier forma de crueldad. ¿Qué clase de hombre hay que ser, se pregunta una y otra vez, para violar a una parturienta, para picanear a un niño frente a su padre, para mantener a un preso, mutilado y hambriento, en una celda inundada? Son reflexiones antiguas y amarguras viejas”.
  

   En “Pedro y el Capitán”, obra de teatro escrita por Benedetti,  el escritor uruguayo pretende indagar en las motivaciones psicológicas de un profesional de la tortura. “La obra —dice Mario en el prólogo de la edición española— no es el enfrentamiento de un monstruo y un santo, sino de dos hombres, dos seres de carne y hueso, ambos con zonas de vulnerabilidad y de resistencia. La distancia entre uno y otro es, sobre todo, ideológica, y es ahí donde está la clave para otras diferencias que abarcan la moral, el ánimo, la sensibilidad ente el dolor humano, el complejo trayecto que media entre el coraje y la cobardía, la poca o mucha capacidad de sacrificio, la brecha entre la traición y lealtad”. En el transcurso del diálogo, el Capitán ( torturador) le explica a Pedro
 ( torturado) cómo fue entrenado para torturar: “me enseñaron con breves y soportables torturitas que sufrí en carne propia, dónde residen los puntos sensibles del cuerpo humano. Pero antes me enseñaron a torturar perros y gatos. Antes, antes. Siempre hay un antes”.

 
Hasta aquí las notas de “El Aguafiestas”

Sí, nos guste o no, nos cueste o no aceptarlo (o digerirlo), dentro de nuestra sociedad hay enmascarados que pueden pasar por ciudadanos honrados, incluso simpáticos, pero, como diría Machado, “esconden un alma fea”.  Algunos de estos individuos, al igual que el personaje torturador de “Pedro y el Capitán”, antes de practicar sus salvajadas con otros congéneres han torturado animales indefensos con toda impunidad (como ocurre en España, donde el maltrato, tortura y asesinato de animales sale gratis, incluso se considera un “arte”). “La distancia entre uno y otro (entre torturador y torturado, o entre quienes torturan a una criatura indefensa —no humana—  y los que luchamos por defender a las víctimas para que estas prácticas estén castigadas por ley) es, sobre todo, ideológica, y es ahí donde está la clave para otras diferencias que abarcan la moral, el ánimo, la sensibilidad ente el dolor humano (o animal no humano)”.

Como diría Benedetti  en uno de sus poemas, quizá la dificultad esté en dilucidar “qué es máscara y qué es rostro”. No cabe duda de que lo que nos puede ayudar a ver lo que se esconde detrás de esa máscara es quitarnos el velo de la ingenuidad, dejando atrás la ignorancia y caminar por la vida con los ojos bien abiertos.



Torturador y espejo



Mírate
así              
qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia
qué paliza paterna te generó cobarde              
qué tristes sumisiones te hicieron despiadado

no escapes a tus ojos              
mírate
así

dónde están las walkirias que no pudiste
la primera marmita de tus sañas              

te metiste en crueldades de once varas
y ahora el odio te sigue como un buitre              

no escapes a tus ojos
mírate
así

aunque nadie te mate              
sos cadáver

aunque nadie te pudra
estás podrido

dios te ampare              
o mejor
dios te reviente.

 Mario Benedetti 

1 comentario:

  1. COMO QUE TORTURAR PERROS Y GATOS?? las vidas de los animales no son nuestras, solo nos pertenece la vida propia y no deberíamos lastimar a otros seres vivos, me parece una verdadera pendejada lastimar a otros animales ¿que chingados no tienen otra cosa ke hacer? es una idiotez!!!!! si kieren lastimar personas pues no me interesa, ellas tienen voz, y se pueden defender me vale un carajo su psicología. Pero animales y niñ@s es algo ke detesto con cada célula de mi cuerpo, ellos no pueden defenderse, ellos merecen tanto respeto como nosotros, y como dije si kieres no respetar metete con los de tu tamaño!!!!

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