martes, 16 de noviembre de 2010

El ser humano ¿salvaje o civilizado?

Paso a compartir con vosotros unas reflexiones del libro Pregúntale a Platón, escrito por Lou Marinoff, sobre la violencia o el salvajismo que pueden aflorar en determinadas circunstancias en nuestra sociedad. Por supuesto, aquí se exponen conclusiones sobre el hombre como especie, como colectivo, no como individuos. Por suerte, no todos nos sentimos identificados con estas actitudes…


La epidemia actual de violencia juvenil la anticipó William Golding en la novela El señor de las moscas, en la que un grupo de jóvenes escolares ingleses, supuestamente bien educados, y de buena familia, naufraga y acaba en una isla tropical. Sin la supervisión de los adultos —y la disciplina, el amor y la estructura social— degenerarán rápidamente en una tribu de salvajes asesinos.

Golding reafirma las ideas de Hobbes y Freud: la civilización no es más que un fino barniz sobre el estado animal de la naturaleza humana. Si se elimina este barniz, o se permite que se desgaste por el abandono, lo que queda al descubierto es un animal egocéntrico y rapaz, que matará a los de su propia especie que miren hacia el lado equivocado o no compartan sus creencias.

Cuando El señor de las moscas se adaptó para la pantalla grande en 1963, el director Peter Brook pensó que tendría dificultades para que los actores jóvenes dejaran de lado su educación, olvidaran sus modales en la mesa, y se comportaran como salvajes. No tenía por qué haberse preocupado: necesitaron muy pocas instrucciones o ánimos. Posteriormente el director escribió: “La experiencia me demostró que la única falsedad de la fábula de Golding es la duración del descenso hacia el salvajismo […] la catástrofe absoluta podría producirse en un fin de semana largo”.

 La epidemia actual de violencia juvenil la anticipó William Golding en la novela El señor de las moscas, en la que un grupo de jóvenes escolares ingleses, supuestamente bien educados, y de buena familia, naufraga y acaba en una isla tropical. Sin la supervisión de los adultos —y la disciplina, el amor y la estructura social— degenerarán rápidamente en una tribu de salvajes asesinos.

Golding reafirma las ideas de Hobbes y Freud: la civilización no es más que un fino barniz sobre el estado animal de la naturaleza humana. Si se elimina este barniz, o se permite que se desgaste por el abandono, lo que queda al descubierto es un animal egocéntrico y rapaz, que matará a los de su propia especie que miren hacia el lado equivocado o no compartan sus creencias.

Cuando El señor de las moscas se adaptó para la pantalla grande en 1963, el director Peter Brook pensó que tendría dificultades para que los actores jóvenes dejaran de lado su educación, olvidaran sus modales en la mesa, y se comportaran como salvajes. No tenía por qué haberse preocupado: necesitaron muy pocas instrucciones o ánimos. Posteriormente el director escribió: “La experiencia me demostró que la única falsedad de la fábula de Golding es la duración del descenso hacia el salvajismo […] la catástrofe absoluta podría producirse en un fin de semana largo”.

 

Hasta aquí el texto copiado del libro.
Este estudio me ha hecho recordar la novela de José Saramago Ensayo sobre la ceguera. Los que la hayáis leído comprenderéis el por qué de esta relación.


Quizá os interese ver este vídeo sobre la agrasividad:

http://www.youtube.com/watch?v=GbBMnwzZoY8


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