jueves, 7 de octubre de 2010

¿Qué ocurre con la basura atómica?

Francia es el país europeo que más apuesta a la energía nuclear. Sin embargo, aún no se ha resuelto dónde almacenar los desechos radiactivos. Una parte es arrojada al mar o enviada a Siberia.
http://www.ecoticias.com/residuos-reciclaje/34351/Que-hacer-con-la-basura-atomica-

 ECOTICIAS.COM / RED / AGENCIAS

En Normandía, a orillas del Canal de la Mancha, se encuentra la planta de reprocesamiento de La Hague. Allí los ingenieros de Areva, el consorcio atómico más grande del mundo, descomponen las varillas combustibles gastadas de uranio y plutonio, separando los elementos reciclables de lo que es basura nuclear. Estos deshechos son almacenados de forma adecuada, asegura Jacques-Emmanuel Saulnier, vocero de la empresa: “seguimos criterios muy estrictos y lo hacemos con mucha atención, de modo que el riesgo restante sea mínimo”. 

Greenpeace alerta

Sin embargo, Yannick Rousselet, encargado de asuntos nucleares de Greenpeace Francia, desconfía de Areva. En un documental televisivo reciente, Rousselet dejó en evidencia que el consorcio arroja todos los años 33 millones de barriles - de cien litros cada uno - de agua radiactiva al mar. Areva alega que se trata únicamente de 1,5 millones de barriles. Pero también esta cantidad alcanza para que Cobalto-60 y Cesio-137 sean absorbidos por cangrejos y algas e ingresen así a la cadena alimenticia.

Aunque cada país debe hacerse cargo de depositar su basura atómica en su propio territorio, Francia transporta anualmente más de cien toneladas de uranio "gastado" a Siberia. Esto es posible solamente porque Areva se vale de un resquicio jurídico y declara los desechos como “material reciclable”. Pero Yannick Rousselet duda que la carga radiactiva sea realmente reutilizable. De hecho, los expertos rusos pueden rescatar sólo el diez por ciento del uranio francés. La gran mayoría se queda en Siberia y es almacenada de manera totalmente inadecuada en un estacionamiento cercano a viviendas, como informan políticos de la oposición. 

Francia busca un depósito para su basura nuclear 

En el pueblo lorenés de Bure, en el nordeste francés, se están realizando desde hace once años excavaciones de prueba. A apenas 500 metros de profundidad se pretende almacenar basura atómica con un potencial radiactivo de 200.000 años. Es decir, que el material seguirá irradiando mucho después que los contenedores de acero o de cemento se hayan descompuesto. Incluso el ingeniero que dirige el proyecto se muestra escéptico: “si se realiza aquí dentro de 15 o 20 años un depósito final, puede ser que se vigile la instalación durante unos 200 años más. Pero después es muy posible que todo caiga en el olvido”. 

Un olvido tal también tendría serias consecuencias para Alemania, ya que el depósito se construiría muy cerca de la frontera alemana. De Bure a la ciudad alemana de Saarbrücken hay nada más que 150 kilómetros de distancia.

Alemania en aprietos similares

También Alemania lidia con su basura atómica. Mientras que la canciller Angela Merkel decide prolongar el período de actividad de las plantas nucleares, quedan por responder dos preguntas centrales: ¿dónde almacenar los desechos y cómo desmantelar las instalaciones caducas? El desmantelamiento de una planta es un proceso costoso y laborioso. Pieza a pieza se va desarmando la central y limpiando cada componente. Pero incluso una vez paralizado un reactor, el desmantelamiento del mismo produce una gran cantidad de residuos nucleares altamente contaminados. 

Tal es el caso del reactor Mülheim-Kärlich, desconectado de la red desde hace más de 20 años a causa de una licencia de construcción incorrecta. Del desmantelamiento de esta central nuclear resultarán 3.000 toneladas de residuos. Los mismos tendrán un grado tal de contaminación que deberían ser almacenados en una especie de cementerio nuclear subterráneo, que no existe aún. El pozo previsto para ello no entrará en funcionamiento antes del 2014. Hasta ese momento los residuos son almacenados provisoriamente en otros depósitos. Los riesgos implícitos en los procesos de desmantelamiento y almacenamiento seguirán siendo tema de discusión entre los gestores de plantas nucleares y los ecologistas.



http://www.dw-world.de/


Paso a continuación un estupendo documento recogido de otro blog: http://piedracomunitaria.blogspot.com/  que tiene mucho que ver con lo que aquí se expone y que, en mi opinión, no se da la suficiente información a la población mundial sensibilizada. 
¿Por qué? 


Somalía: depósito de basura atómica, el 40 % de la población tiene cáncer 

El conocido teólogo y “abogado de los pobres” Leonardo Boff dijo en una entrevista en visita a Suiza (Zeit-Fragen): 
“Una gran parte de la humanidad sabe que no puede seguir por el mismo camino... Vivimos en la crisis profunda de nuestros paradigmas. La forma tradicional de entender nuestro mundo hace tiempo que perdió su sentido. Pero, al mismo tiempo, otro mundo aún no ha nacido. Para que este proceso pueda avanzar tenemos que volver a nuestras raíces terrenales.” 

África está completamente entregada a los nuevos señores del mundo, neocolonizada.(2) En comparación con los colonialistas anteriores, que en sus antiguas colonias construyeron al menos unas exiguas infraestructuras, los nuevos señores del mundo no muestran el menor interés por estos países. Tan sólo están ocupados en la explotación de sus materias primas y en los mayores beneficios posibles que puedan obtener de sus negocios en el menor tiempo. 

Uno de estos negocios es la “exportación” de desechos nucleares. Apenas después del encuentro para actualizar el Protocolo de Kyoto sobre la reducción del efecto invernadero el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) hizo su informe sobre las consecuencias del tsunami del 26 de diciembre de 2004. 

En él su presidente Klaus Töpfer informaba (22/2/2005) que el tsunami no sólo había dejado en las costas de Somalia desechos “normales” sino también nucleares. Muchas personas de las zonas afectadas por el tsunami padecen problemas extraordinarios de salud. Según el informe de PNUMA, se trata de infecciones agudas de las vías respiratorias, hemorragias intestinales, reacciones “químicas” atípicas de la piel y muertes repentinas. 

Residuos nucleares almacenados a lo largo de la costa 

El informe del PNUMA dice que Somalia es uno de los tantos países empobrecidos que desde los años ‘80 está recibiendo innumerables cargamentos de residuos nucleares y otros desechos tóxicos almacenados a lo largo de la costa. Entre otros, uranio, cadmio, plomo y mercurio. 

Naturalmente, no faltaron reprimendas para los culpables, pero sin nombrarlos expresamente. Se trata de una violación de los convenios internacionales sobre la exportación de semejantes desechos a Somalia: éticamente cuestionable que pudieran establecerse semejantes convenios con un país sacudido por la guerra civil. La indignación del PNUMA parecería justificada. Pero la interrogante se mantiene abierta: si desde los ‘80 se han dado esos casos, ¿por qué el PNUMA no ha tomado medidas más enérgicas antes? Puesto que se trata de un periodo de 25 años, ¿es posible que el PNUMA no supiese nada? 
“Es imposible hablar con el personal del PNUMA que está en Nairobi. Sus comentarios son: no sabemos nada, luego nos ocuparemos de eso.” 

Tales son los pretextos de las autoridades del distrito local de El Dehere. Según el periodista italiano Massimo Alberizzi, se hicieron llegar tanto a la ONU como a la UE, numerosas quejas sobre las consecuencias para los seres humanos y el medioambiente del almacenamiento descontrolado de residuos nucleares y tóxicos en Somalia. Hasta ahora nadie se ha movido. 

Ya que no por las quejas de un estado africano pobre y deshecho, ¿por qué se cerraron los ojos ante el hecho de que en la década de los ‘80 numerosos estados industrializados ofrecieran a los gobiernos de los países empobrecidos dinero por el almacenamiento de su basura nuclear? Entre los estados africanos, los preferidos entonces para este fin fueron, además de Somalia, también Guinea-Bissau, Nigeria y Namibia. La ONU no se manifestó hasta después del escándalo del barco sirio “Zenobia”, que en 1988 transportaba unas 20.000 toneladas de residuos nucleares y durante meses estuvo buscando un puerto para poder descargarlas. En 1989, la ONU convocó la Convención de Basilea para el control de las rutas de los residuos nucleares. 

Los ecologistas protestaron. Según ellos, el control de las rutas de la basura atómica no significaba impedir su embarque para el Tercer Mundo. Hasta que en 1995, a la Convención de Basilea se le añadió un apéndice por el que a los estados miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, se les prohibía exportar residuos tóxicos a los estados que no pertenecían a la OCDE. Este añadido chocó con la oposición de EE.UU. que no firmó el artículo adicional. Otros productores de residuos, buscaron otros rodeos para deshacerse de su desechos nucleares. La empresa ODM de Lugano incluso ofrecía en Internet los mejores sitios para el almacenamiento de desechos nucleares. 

Dada la envergadura del Mustapha Tolba, a la sazón director ejecutivo del PNUMA, protestó ya en septiembre de 1992 ante los gobiernos italiano y suizo y exigió poner fin a la exportación de residuos a África. El entonces ministro de Medioambiente italiano, Carlo Ripa de Meana, afirmó que ninguna empresa italiana participaba en semejantes negocios. Y nadie replicó. 
Y los negocios con la basura nuclear continuaron, mientras tanto, a gran escala. Desde Somalia llegaron indicios de que el depósito de residuos nucleares de Obbia estaba custodiado por “soldados extranjeros” y no por la milicia somalí. Según una fuente confiable, los franceses y los estadounidenses dieron luz verde ya en los ‘80 para la construcción de un depósito de residuos nucleares en esta región. También el señor de la guerra somalí, general Morgan, al sur de Somalia, afirma que varios representantes extranjeros lo visitaron en Nairobi para comprar su autorización para el depósito de residuos nucleares, que rechazó. 

Se prefirió la Somalia sacudida por la guerra civil. Parece que Giorgio Comerio, director de la empresa ODM, ofreció a un tal Ali Mali un millón de dólares para depositar residuos en el nordeste de Somalia. 
Ilaria Alpi y Miran Hrovatin, dos periodistas italianos, intentaron averiguar algo más de tales negocios. El 18 de marzo de 1994 llegaron a la ciudad somalí de Bosasso, entrevistaron a un funcionario local y el 20 de marzo, tan sólo unas horas antes de que pudieran enviar telefónicamente su informe a la RAI, fueron asesinados en plena calle en Mogadishu por un comando. 

Occidente gana miles de millones 

Para Massimo Alberizzi, compañero de los asesinados en el Corriere della Sera, no existe la menor duda: el comercio con residuos nucleares y otros tóxicos que llegan a Somalia se encuentra en manos del crimen organizado. También parecen estar implicados intereses más “altos”. Massimo Scalia, presidente de una comisión de investigación del Parlamento italiano, dijo a la agencia Inter Press Service que Italia gana, solamente en el comercio de los residuos atómicos, siete mil millones de dólares. 
Tan sólo en el año 2001 se embarcaron para África 600.000 toneladas de desechos nucleares. Somalia no era el único destino. También estaban previstos Zaire, Malawi, Eritrea, Argelia y Mozambique. 

El silencio de PNUMA 

Según algunas fuentes, los representantes del lobby nuclear siguieron presionando y fueron los que impidieron un rápido desenlace de las conversaciones de paz entre las partes de la guerra civil somalí. 
Johannes y Germana von Dohnany afirman en su libro Schmutzige Geschäfte und Heiliger Krieg. Al-Qaida in Europa (Los negocios sucios y la guerra santa de Al Qaeda en Europa), publicado en 2002, que el PNUMA también estaba implicado porque depende de los medios financieros que proporcionan cada dos años los estados miembros. Por eso, según los von Dohnany sería demasiado arriesgado enfrentarse abiertamente a los países industrializados que son sus principales financiadores. Difícil cuestionar esta afirmación. 

El PNUMA ha modificado algo su actitud sobre el almacenamiento ilegal de residuos nucleares tras el tsunami de diciembre de 2004. Su informe ha señalado con algo más de claridad la amenaza al equilibrio ecológico y el peligro para los seres humanos del almacenamiento de basura atómica. Enfoca diversos aspectos de los efectos, especialmente de los residuos lavados en tierra, en los manglares de la costa, sobre los arrecifes de coral, la pesca y las napas del agua. Pero los daños sufridos por los seres humanos, algunos ya muertos, apenas si se mencionan. 

Y sus autores se quejan de que no les fue posible investigar in situ. Indirectamente, ésta es una justificación para las inocuas conclusiones del informe que, prácticamente, sólo se ocupa de los daños al ambiente y la repercusión del calentamiento del clima sobre la diversidad biológica somalí. Pero qué va a pasar con las personas, que son las víctimas de una actividad comercial sin escrúpulos, orientada exclusivamente por el beneficio, de eso, nada dice el informe. 

Vladislav Marjanovic 


artículo publicado en revista futuros nº13 / Río de la Plata verano 2009-2010 


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