domingo, 5 de septiembre de 2010

Los taurinos, esa raza tan humilde

“Los pitucos” es un poema de Benedetti del que, con el mayor respeto hacia el poeta, realicé hace tiempo algunos cambios para aplicar los versos a los fulanos/as que aun existen en nuestra sociedad: los taurinos. Es una raza anacrónica que se resiste a la desaparición, viviendo artificialmente gracias a las transfusiones de sangre y subvenciones.
Aconsejo leer el poema original para entender el por qué me he apoyado en las palabras del maestro.

Imagen Igualdad Animal

Los taurinos

Hijo mío
recuérdalo
son éstos los taurinos

tienen un aire
verdad
que es un desaire

tienen una marca
verdad
de su comarca

mira
son los taurinos
nacen en cualquier parte
respiran el olor a sangre
le hacen guiños a la inmoralidad
se rascan el ombligo
duermen siestas feroces

besan con labios blandos
y en la plaza se mueren
y van al paraíso
y claro
su paraíso
es también una plaza
un infierno de tortura
y martirio




fíjate bien
son ellos
los taurinos
casi una raza aparte

son nietos de estancieros
primos de horteras
sobrinos de sobrinos
de insignes sanguijuelas

son cretinos
imberbes
deportistas
cazadores
cornudos




mira cómo te miran
bajo sus lentes negros
pero no te preocupes
en el fondo
son pobres

aman los dividendos
chupan de las subvenciones
escuchan al Fary
se bañan de vez en cuando
con jabón perfumado
y a la hora de la corrida
van todos a la plaza
con el pelo engominado

 

hijo mío
prométeme
nunca intentes hacerles
zancadillas

los taurinos son tenues
los taurinos son blandos
una bocina
un grito
a veces una ILP
les arruinan el alma






en ocasiones
raras ocasiones
se hacen los malos
dicen palabrotas
pero después se mueren
de vergüenza
y allá en su diario íntimo
se azotan con metáforas
retirados,
apartados incluso
de sí mismos

hijo mío
recuérdalo
son estos los taurinos

tienen un pelo
verdad
que es terciopelo
una cadencia
verdad
que es decadencia

déjalos pasar
son de otra raza
ignóralos
desdéñalos
apártalos
escúpelos
tírales caramelos
cualquier cosa

después
cuando seas grande
grande
y tengas un hijo
lo tomas de la mano
lo traes aquí a la plaza
anacrónica
 un museo del espanto

y sin darle importancia
le dices
hijo mío
eran estos los taurinos

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