miércoles, 15 de septiembre de 2010

El poder de la mente - Eduardo Punset

Los que hemos convivido con animales hemos aprendido a ver en ellos lo que el resto de los humanos (incluídos muchos ciéntíficos) no quieren ver: los animales son conscientes de su vida; toman decisiones, no son máquinas, no están programados, no reaccionan siempre por instinto (nosotros también actuamos muchas veces por instinto), deciden lo que quieren hacer, evalúan las situaciónes y actúan en consecuencia; tienen un lenguaje que los humanos no entendemos, pero entre animales de diferentes especies sí se comprenden; son flexibles, pueden aprender y cambiar de comportamiento; tienen una personalidad propia,…ningún animal es igual a otro, son individuos irrepetibles. ¿Por qué comienzo este tema hablando del comportamiento animal? Porque, a diferencia del resto de los animales, al ser humano le cuesta cambiar de opinión, es más, aunque su comportamiento o actitud resulte negativo para él y su prójimo, es reacio a realizar ninguna modificación. Y ¿qué hay de querer ser diferentes del resto?  A la mayoría de las personas les aterra tener ideas y actitudes diferentes a las de sus conciudadanos. Quieren pertenecer a un grupo y otorgan a otros la responsabilidad de pensar y decidir por ellos. Esto es lo que Eduardo Punset nos viene a decir, entre otras cosas, en su libro El poder de la mente.

A la pregunta de ¿por qué es tan difícil cambiar de opinión? Punset expone:
“Por la conciencia social, porque tiene un poder normativo considerable”. La sociedad en sí misma hace creer al ser humano cuáles son las reglas que hay que seguir. “ Sigo sin entender por qué la gente tiende a repetir lo mismo que le hace infeliz”. ¿Por qué hay hombres que no son inteligentes? Porque son inflexibles”.

En definitiva, a la especie humana le ocurre como al tonto voluntario: “Cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue”.





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