domingo, 8 de agosto de 2010

¡Muito obrigado!

Es triste, pero creo que entre el colectivo de voluntarios que luchamos por defender a los animales también existe en ocasiones cierta falta de gratitud. Nadie es perfecto y todos debemos aprender para mejorar.

gracias


¡Muito obrigado!

El ser desagradecido es más feo que una nariz torcida. Es triste toparnos con personas a las que les preocupa más su aspecto físico que su ingratitud y fealdad interior.



“Es de bien nacido ser agradecido”. Esta frase es muy conocida por muchos y, por desgracia, desconocida e ignorada por demasiados. La gratitud es un sentimiento en peligro de extinción, amputado voluntariamente de las buenas emociones que deberían permanecer en lo más profundo de nuestro interior.

El mostrar gratitud, algo tan simple y “económico”, era parte de nuestra educación más elemental desde la más tierna infancia. Siempre me ha resultado agradable la expresión “Muito obrigado” (muchas gracias) en portugués. Y es que uno debe sentirse obligado (obrigado) a dar las gracias. Pero las normas de conducta, los valores, están cambiando vertiginosamente. Tal es la situación actual que nos asombramos, por lo inusual,  cuando alguien nos agradece el gesto de abrirles una puerta, de recoger algo que se le ha caído al suelo, incluso por contestarles a la pregunta: ¿Me puede decir la hora? (la mayoría de las veces sin decir “por favor” previamente). Da la sensación de que se está desarrollando el sentimiento de que todo lo que otros hagan por nosotros nos lo merecemos, nos lo hemos ganado porque sí, por derecho. Craso error. La altanería, como la arrogancia, son más feas que una nariz torcida. Resulta penoso encontrar personas a las que les quita el sueño una arruga, un kilo de más o cualquier otro detalle físico, pero al mismo tiempo están cegados para descubrir en su inteior defectos mucho más importantes y dañinos, no sólo para el que los posee, si no para los que le rodean.

Los que hemos convivido con perros, los que hemos disfrutado de su amistad y lealtad sin límites, conocemos lo inmensamente agradecidos que son estos animales. El escritor Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, afirmó: “Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo alimentas y no os morderá. Esa es la diferencia más notable entre un perro y un hombre”. Cuánto debemos aprender de los animales a los que llamamos despectivamente “irracionales”. Quien ha tenido la oportunidad de ayudar a alguien sabe que, en ocasiones, el receptor de su favor no ha mostrado agradecimiento. Aun más, puede que incluso con el tiempo esta persona le haya devuelto cardos cuando usted le entregó flores.

La sociedad está sufriendo una metamorfosis. Muchos de estos cambios son positivos para el individuo y para la comunidad. Pero, tal y como nos miramos al espejo diariamente para mejorar nuestra imagen física, también deberíamos hacer una pausa, un autoexamen interior, y no contarnos mentiras, haciéndonos trampa a nosotros mismos, si no gritarnos las verdades. Es gratis.


Yolanda Plaza Ruiz




Gracias, a veces es una palabra muy corta para regalos muy grandes...

Os dejo con un poema de Benedetti 

PAUSA

De vez en cuando hay que hacer
      una pausa

contemplarse a sí mismo
      sin la fruición cotidiana

examinar el pasado
      rubro por rubro
      etapa por etapa
      baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.






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