martes, 3 de agosto de 2010

Agua envenenada

“Detectan casi 90 contaminantes en los ríos de Madrid”. Título de una pequeña noticia de 60 palabras escasamente de un periódico gratuito. Una noticia que sin duda debió de abrir las portadas de todos los periódicos. Pero la noticia paso totalmente inadvertida por los medios de comunicación, como si una mano invisible hubiera borrado esta importante noticia de los teletipos y la hubiera escondido en el más absoluto de los silencios.


 Pedro Pozas Terrados




Si, agua contaminada, mientras que mantenemos a un Ministerio de Sanidad, con todo su poder para que vele por la salud de los ciudadanos. ¿Qué han hecho al respecto de estos estudios que sin duda se han diluido entre despachos de ineptos y mesas de papeles olvidados?. El estudio que lanza tan tremenda noticia lo ha elaborado científicos del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados (IMDEA) y de la Universidad de Almería, siendo publicado en la revista “Journal of Environmental Analytical Chemistry”. El informe certifica que la depuradoras de aguas no degradan al 100% muchos de los productos de uso doméstico, cómo fármacos y biocidas. Con ello quiere decir, que el agua que consumimos sigue contaminada con numerosos productos que pueden afectar gravemente nuestra salud.

¿Qué hacen las Autoridades, responsables de la salud de los ciudadanos, ante este alarmante hecho? ¿Por qué no ponen de inmediato las medidas para que esto no ocurra y sin embargo, agachan la cabeza como los avestruces para intentar que nadie se de cuenta de la falta de responsabilidad profesional y política? No les importa para nada el bienestar de los ciudadanos. Estamos ya ante una sociedad que ha perdido la democracia, que esta siendo desvestida de sus derechos fundamentales en nombre de una crisis que ellos mismos, los políticos y dueños del poder económico, han protagonizado en el mundo entero. La pérdida de valores se acrecienta ante el pasotismo de una sociedad que calla y se doblega ante el poder de lo irracional.

Sólo con que este informe que ha sido ocultado al ciudadano hubiera llegado a las manos de los responsables públicos, se tendría que haber puesto en marcha un mecanismo de seguridad y protección ciudadana, alentando a la población que se abstuviera de beber agua mientras que no se pusieran los medios necesarios para parar esta contaminación de agua potable, un bien necesario y escaso para la humanidad y que sin embargo lo hemos manchado con la basura de nuestra civilización. ¿No cobran por ello? ¿Por qué lo ocultan y no ponen los medios? ¿Dónde esta la democracia secuestrada y los derechos del ciudadano?. Pero aún hay más. Tanto que hablan nuestros políticos de la Constitución Española y de su sagrado cumplimiento. Habría que recordarles los artículos 43 y 45 de la misma: “Se reconoce el derecho a la protección de la salud. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios..........Los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y defender y restaurar el medio ambiente....” Con estas citas de nuestra Constitución, bastan y sobran para que nuestros políticos responsables de sanidad a la mayor urgencia posible, depuren responsabilidades y detengan de una forma estricta y sin dilación, la contaminación de nuestras aguas que se destinan al consumo humano.

Un Equipo de Investigadores del Departamento de Química Ambiental del Consejo Superior de Investigaciones  Científicas (CSIC) de Barcelona, coordinado por Damiá Barceló cuyo fin es conocer la polución de los ríos españoles y según los resultados iniciales, corroboran el informe apuntado al principio, ya que se está encontrando “de todo”. Nuestros acuíferos están cada vez más contaminados por los fármacos que la sociedad consume de forma casi enfermiza, llegan a los ríos a través del alcantarillado y como no los elimina ninguna depuradora, los estamos ingiriendo a través del agua de los grifos y de los alimentos que se riegan con ella. De hecho cada vez más personas sufren trastornos de todo tipo y se está multiplicando el número de bacterias resistentes a los antibióticos. Ya se ha comprobado que esa así en las aguas del Ebro y en dos afluentes del Llobregat, pero este problema está pasando en toda España, en la Unión Europea. Así de clara es la información aparecida en la revista Discovery de Salud.

El agua del grifo empieza a ser peligrosa porque multitud de moléculas sintéticas y la información con que se carga el agua procedente de los millones de fármacos que tiramos a la basura y/o excretamos con las heces –tanto las personas como los animales- llegan de forma cada vez más masiva a los ríos –en nuestro caso a través del alcantarillado- y está ya produciendo trastornos en nuestros sistemas orgánicos.

Las Autoridades tienen el deber de suministrar el agua necesaria para la población, sin riesgos sanitarios y suficiente para las demandas del desarrollo económico y social. No sólo la Constitución nos ampara con este derecho. La Carta Europea del Agua señala que la calidad del agua debe mantenerse en condiciones suficientes  para cualquier uso, sobre todo, debe satisfacer las exigencias de la salud pública (artículo 4); la correcta utilización de los recursos del agua debe ser planificada por las Autoridades competentes (artículo 8); y el agua es un bien común, cuyo valor debe ser conocido por todos. Una vez más la irresponsabilidad política cae de lleno en nuestros representantes que olvidan muchas leyes y muchos deberes y que sólo nadan a favor de la corriente, sin mirar atrás, sin importarles un pepino el bienestar del ciudadano.

¿Qué han hecho ante estos estudios serios que nos alertan del agua que bebemos?. Otro informe, esta vez del Observatorio DKV (empresa de seguros) de Salud y Medio Ambiente en España titulado “Alimentación, medio ambiente y salud”, ya advertía en el 2008 de las posibles consecuencias sobre los organismos patógenos existentes en el agua potable y que a nivel mundial apunta que es uno de los problemas sanitarios más importantes de los que se enfrenta la humanidad. Desde Radon (fuente radiactiva natural), pasando por Compuestos Orgánicos Persistentes (COPs), compuestos farmacéuticos (antibióticos, anticonvulsivos, antidepresivos y hormonas sexuales), metales pesados como el Aluminio, siguiendo por Perclorato y numerosos de otros compuestos químicos disueltos en el agua potable; son el caldo de cultivo de una potente bomba de relojería que podría estallar en cualquier momento y en la que sin duda no estamos preparados.

El Departamento de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal madrileño, calcula que en España van a parar al medio ambiente cada año: 50 toneladas de antibióticos de uso humano y animal. ¡Y estamos hablando –advierten los expertos- de sustancias que actúan en milésimas de miligramo por centímetro cúbico!. A lo que hay que añadir que como se tratan de sustancias que tardan muchos años en degradarse, la contaminación del medio está aumentando año tras año de una forma alarmante.

Este es el panorama, solo en lo referente al agua potable que nos llega a nuestras casas, al que tenemos que enfrentarnos de una forma rápida y eficaz. No vale buenas palabras, intentos vagos, promesas que jamás se cumplen y se olvidan de un año para el otro. Se necesita responsabilidad y coraje para enfrentarse con un problema grave que repercute directamente a la salud de todas las personas. Nos están envenenando lentamente. Se sabe. Se está advirtiendo y las Autoridades se esconden bajo las piedras como si ellos no fueran responsables.

El ciudadano debe exigir sus derechos, al igual que se le pide que cumpla con sus obligaciones. Y el derecho está en las propia Constitución. Se debe de poner fin a esta muerte lenta y consentida, gritar con fuerza y no consentir que la democracia sea apaleada, sea secuestrada como lo esta siendo en la actualidad. Tenemos la fuerza y el poder. Ellos son pocos, nosotros muchos. Unido el pueblo jamás será vencido. Es una máxima que tiene que gravarse en nuestro cerebro, en nuestro corazón y en nuestra forma de vida.

Pedro Pozas Terrados


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