viernes, 16 de julio de 2010

Soliloquio

"Hoy he resuelto hablar conmigo mismo
aprovechar por fin el privilegio
de averiguar quién soy de dónde vengo
por qué me gustan las canciones tristes



cuando uno descubre sus miserias
siente el orgullo impávido sincero
de mirarse como un inconfundible
o como un tonto que no vive en paz"


Éstos hermosos versos de Mario Benedetti me sirven de introducción en un tema que quizá no sea del agrado de muchos

















Muero porque no muero 

La desesperación y el tormento psíquico pueden contribuir a que un individuo en perfectas condiciones desee dejar de existir. A lo largo de la historia nos encontramos con una larga lista de personajes admirables que han dejado plasmados su desaliento y desánimo, viendo como una salida de escape el terminar con su vida, sin que nadie haya osado poner en duda su equilibrio psíquico o su madurez intelectual.


En el libro bíblico de Eclesiastés, capítulo 7, versículo 7, podemos leer:
“La mera opresión puede hacer que un sabio se porte como loco”. Quiero reslatar de este texto la expresión:” se porte como  un loco”, no “se vuelve loco”.  Si un sabio puede perder aparentemente el equilibrio emocional ante las adversidades, ¿por qué no va a padecer aparentemente la misma sacudida en su psique una persona cuyo coeficiente intelectual es menor?. Otro dato muy relevante para el asunto que estamos tratando es que el libro de Eclesiastés lo escribió el hombre “más sabio del mundo” según la tradición, el rey Salomón, calificado a lo largo de la historia como ejemplo de justicia y rectitud.

 

Continuando ésta reflexión basándonos en textos de reconocido valor, nos encontramos con el bello poema de Teresa de Ávila “Vivo sin vivir en mí”.
Dejando a un lado las inquietudes religiosas de esta sensible mujer, podemos apreciar la profundidad de sus emociones al leer estos versos:


  Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.

  ¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros          
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.          

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.             
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.







Volviendo a nuestro tiempo, nos encontramos con otro escritor de reconocida calidad y de inteligencia sobrada, Emil Cioran. Éste escritor rumano dejó plasmado en su bibliografía su idea personal del suicidio. Contestando a la pregunta: “¿Qué piensa usted del suicidio?”, razonó: “Lo hermoso del suicidio es que es una decisión…He dicho que sin la idea del suicidio me habría matado desde siempre. ¿Qué quería decir? Que la vida es soportable tan sólo con la idea de que podemos abandonarla cuando queramos. Depende de nuestra voluntad. Ese pensamiento, en lugar de ser desvitalizador, deprimente, es un pensamiento exaltante…No hay razón alguna para que estemos aquí. Pero la idea de que podemos disfrutar de la vida, de que la tenemos en nuestras manos, de que podemos abandonar el espectáculo cuando queramos, es exaltante”.





Y ¿qué hay sobre el pensamiento pasajero de eliminar a alguien? ¿de tomarnos la justicia por nuestra mano?. Si todo aquel que ha tenido en alguna ocasión esta querencia fuese un criminal o pudieramos juzgarlo como un trastornado, creo, sin caer en la exageración, que más de la mitad de la humanidad entraríamos dentro de este colectivo. 

































Leyendo el libro de Jorge Riechmann “Con los ojos abiertos”, me encontré con el poema “Esterilidad”, en el que, haciendo un resumen de los desastres ecológicos que el hombre está causando en el Planeta, expresa:

“Seis grados centigrados
en apenas
cincuenta años
—dicen los enterados en sus cátedras
de la Universidad de Montana.

Pensando en todo  ello
se me ha puesto cara de criminal
luego cara de imbécil
y por fin cara de imbécil criminal”




    El poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti escribe en su
 “Soneto de la escoba”:


“Una escoba sería necesaria
para barrer del hoy tanta inmundicia

acabar de una vez con el que roba
con el que miente a todos y a sabiendas”.


Uno de los personajes del relato  “Cuatro en una celda” es Roberto y Benedetti lo describe así:

"Roberto era un preso político…Roberto no había matado a nadie, aunque en verdad no le habían fatado ganas”.


Dentro del poema “Mendigos” podemos leer:

“no me pregunten por qué vivir me cansa
los dolores me fatigan / yo los tengo
se me murió un amor imprescindible
y amigos como hermanos ya no están”.


 Por ahora me callo

“morir sin muerte es casi una osadía
que no puede invocarse así nomás
por eso yo prefiero ser discreto
vivir sin vida es menos pretencioso”

Claves


“acontece la noche y estoy solo

cargo conmigo a duras penas
el buen amor se lo llevó la muerte
y no sé para quién seguir viviendo”





Para terminar con un pensamiento de esperanza y optimismo os reduerdo parte de la letra de una preciosa canción “You've got a friend”

Cuando estés triste
y preocupado
y necesites algo de cariño
y nada
nada esté bien


cierra tus ojos y piensa en mí
y pronto estaré allí
para iluminar
incluso tus noches más oscuras


Dime,
¿no es bueno saber que tienes un amigo?
cuando la gente puede ser fría
te lastimarán
te abandonarán
y se llevarán tu alma si les dejas
pero no les dejes

tú sólo grita mi nombre
tú sabes que donde quiera que esté
vendré corriendo
a verte otra vez
invierno, primavera, verano u otoño
todo lo que tienes que hacer es llamar
y estaré allí
tú tienes un amigo
¿no es bueno saber que tienes un amigo?


Vídeo James Taylor cantando esta preciosa canción

You've got a friend



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