lunes, 21 de junio de 2010

La necesidad de desaprender lo aprendido

Comienza el calor y con él las fiestas populares en diferentes puntos de la península. La diversión, como la alegría sana, es necesaria y positiva para el desarrollo de cualquier animal, incluídos los humanos.  Los que tenemos la suerte de convivir con un perro o un gato, disfrutamos viéndolos jugar, divertirse. Los momentos de diversión son eficaces para enseñar a los más pequeños y también a los mayores. No existe una edad en la que uno deje de aprender, auque algunos hayan parado su reloj mental voluntariamente en alguna época de su vida, permaneciendo estancados, embotando sus sentidos y capacidades para desarrollarse como individuos, inflexibles ante los cambios.

 



Hace poco leí unas frases de Eduardo Punset en las que mencionaba la necesidad de cambiar de opinión o desaprender lo aprendido anteriormente: "Si hasta la estructura de la materia es capaz de cambiar de líquido a sólido y de sólido a gaseoso, ¿cómo no van a poder los seres humanos cambiar de opinión?”. Cuando comprendemos que cierta práctica o enseñanza recibida es perjudicial para nosotros, para nuestros congéneres o cualquier otra criatura capaz de ser feliz o padecer como lo hacemos nosotros, nuestro deber primordial es desaprender lo aprendido, cambiar nuestra manera de actuar, por respeto a nosotros mismos y a los que reciben el daño o perjuicio.


Si hemos comprendido la necesidad de evolucionar para desarrollarnos positivamente, ¿por qué permanecer estancados en el pasado celebrando festejos que incluyen tortura y matanza de animales indefensos?. Comienza el estío y con él el olor a sangre de las corridas de toros y las becerradas, que de un punto a otro del país se organizan como actividades lúdicas. La crueldad de las corridas de toros es innegable, pero aun lo es más el padecimiento al que son sometidos los novillos de menos de dos años, en los que una panda de matarifes embriagados, desfogan sus peores instintos frente en un ternero acorralado, asustado y totalmente desamparado, sin posibilidad de escapatoria. Un reguero de sangre brota por sus heridas a la vista del público insensible. Una fiesta con olor a miedo y muerte.

 

Si eres de los que aun gozan con la visión de la agonía, piensa por un momento en estas palabras de Punset: “La opinión que tú tienes no es el resultado de ver, sino de mirar las cosas de una determinada manera”. Mira a ese novillo como lo que es, una criatura inocente, infantil, con el deseo natural de vivir. Disfruta de la fiesta, pero no conviertas un momento de alegría en un acto cobarde y cruel. “Si hasta la estructura de la materia es capaz de cambiar”, ¿por qué no cambias tu manera de mirar esos festejos?






Yolanda Plaza Ruiz



Eduardo Punset “El viaje al poder de la mente”




Los mamíferos juegan y son conscientes del juego











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