jueves, 10 de junio de 2010

El mundo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia,
 pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó,
dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana.
y dijo que somos un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales:
hay fuegos grandes y fuegos chicos
y fuegos de todos los colores.

Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento,
 y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas .
Algunos fuegos,
fuegos bobos, ni alumbran ni queman.

Pero otros arden la vida con tantas ganas,
que no se puede mirar sin parpadear
y quien se acerca, se enciende.

 
Eduardo Galeano

Comentario personal:
Hay individuos que luchan  por tener, por ostentar, por gastar, por menospreciar, por destruir, por presumir, por hacer colección de títulos, para enmarcarlos y colgarlos en la pared. Algunos se empeñan tanto en el empeño, que consiguen poseer ambiciones repetidas.  En realidad son unos pobres, pobres.
En mi caso, consciente de ser pobre de solemnidad, sin títulos ni medallas, sueño con llegar a ser un “fuegito”, como el que menciona Galeano en su relato. Una lucecita, capaz de ayudar a alguien cuando sólo vea oscuridad. Qué bueno es tener una cerilla a mano cuando se ha ido la luz…

Y.P.

 

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