jueves, 22 de abril de 2010

Los derechos humanos / Injusticias morales: asistencia

Del libro: Jaulas Vacías de Tomo Regan


Las víctimas de la injusticia en ocasiones no logran comprender cuándo y cómo están siendo violandos sus derechos. Los miembros de categorías débiles (por ejemplo, los niños y los pobres), son víctimas frecuentes de dichas violaciones. Justamente a causa de su vulnerabilidad, niños e indigentes son presas fáciles de quienes buscan alguna ventaja, personal o social. Cuando las personas más vulnerables son empleadas como medios, aquellos que tienen la capacidad de reconocer las injusticias tienen el deber de intervenir, de ponerse al lado de las víctimas y denunciar abiertamente lo sucedido. Este deber es una exigencia de la justicia, no un llamamiento a la generosidad. Las víctimas tienen derecho a nuestra asistencia; ayudarlas es algo debido, no algo “extremadamente bonito” que les ofrecemos. Cuanto más sean los humanos incapaces de defender sus propios derechos, mayor es nuestro deber de implicación en su lugar.

    
            Vistos los límites de nuestra autoridad e influencia, nos vemos imposibilitados para defender a cada víctima de la injusticia. Lo que podemos hacer es, sin embargo, mejor que nada. El hecho de no poder defender a todas las víctimas de la injusticia, no se traduce en podernos contentar con no hacer nada por nadie.




Hasta aquí la cita del libro: Jaulas Vacías.

Creo que viene bien recordar la letra de una canción de Pablo Milanés “La vida no vale nada”, donde habla de la necesidad de actuar personalmente en contra de las injusticias, no permanecer como meros espectadores pasivos ,  desarrollando  un sentido elevado de la ética, liberados del conformismo y egocentrismo que se respira en la sociedad actual.


La Vida No Vale Nada



 “La vida no vale nada
si no es para perecer
porque otros puedan tener
lo que uno disfruta y ama.


La vida no vale nada
si yo me quedo sentado
después que he visto y soñado
que en todas partes me llaman.


La vida no vale nada
cuando otros se están matando
y yo sigo aquí cantando
cual si no pasara nada.


La vida no vale nada
si escucho un grito mortal
y no es capaz de tocar
mi corazón que se apaga.


La vida no vale nada
si ignoro que el asesino
cogió por otro camino
y prepara una celada.


La vida no vale nada
si se sorprende  a tu hermano
cuando supe de antemano
lo que se le preparaba.


La vida no vale nada
si cuatro caen por minuto
y al final por el abuso
se decide la jornada.


La vida no vale nada
si tengo que posponer
otro minuto de ser
y morirme en una cama.


La vida no vale nada
si en fin lo que me rodea
no puedo cambiar qual fuera
lo que tengo y me ampara.


Y por eso para mí
la vida no vale nada.”


Pablo Milanés




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