viernes, 9 de abril de 2010

"EL SILENCIO ES UNA TRAICIÓN"

Frases del libro escrito por Jane Goodall & Marc Bekoff  “Los Diez Mandamientos”
Para compartir el planeta con los animales que amamos


 Recogido del último capítulo “Después de lo dicho y hecho, permanecer en silencio es una traición” 

No debemos olvidar que la mayoría de las veces somos nosotros los intrusos en el territorio de los animales, no ellos
. Y muchos animales sufren cada día alguno de nuestros desastres. En cierto sentido, la Tierra forma parte de una especie de “experimento” no controlado en el que cada uno de nosotros tiene su papel. En mayo de 2001 Jane y yo estábamos sentados en la terraza de un café parisino (habíamos asistido a un encuentro del Science and the Spiritual Queso II) cuando vimos a una paloma que cojeaba porque tenía una pata enredada en un trozo de alambre. Intentamos cogerla, pero huyó de nosotros. No pudimos hacer nada más que lamentar la situación de este pobre pájaro. Muchas aves se enganchan la cabeza con los plásticos que envuelven las botellas y otros animales también sufren a causa de la basura que la gente deja tirada en las zonas de acampada, mares, ríos y lagos. No son sólo los propios seres humanos los que estamos por todas partes, si no también la basura que producimos. Algunos, aunque seguro que no todos, tenemos simplemente “demasiadas cosas. 


No estamos solos en el planeta, aunque a veces nos comportemos como si lo estuviésemos. Nuestros grandes cerebros, de evolución lenta, deben enfrentarse a nuevos y cambiantes entornos socioculturales, y éstos son los que de alguna forma nos mantienen en contacto con la naturaleza, aunque también nos alejan de ella; es esta alienación la que provoca los desenfrenados abusos a los que sometemos al planeta. Nos enfrentamos constantemente con decisiones difíciles que debemos tomar y a menudo con elecciones atroces que tienen consecuencias a corto y largo plazo. Pero debemos observar los efectos globales que tienen nuestras actividades, porque nuestra influencia no resulta siempre evidente, ni si quiera a corto plazo. Por ejemplo, el calentamiento global parece estar teniendo un impacto en el número de primates que habita en Etiopía (…)Además de una gran cantidad de mamíferos, las aves también sufren las consecuencias del calentamiento climático y del retroceso hacia el norte de la masa del hielo polar. Se necesitan estudios a largo plazo que muestren los efectos de los cambios climáticos. La investigación que George Divoky ha realizado durante décadas en la isla de Cooper del Ártico ha demostrado que un ave marina del tamaño de una paloma, el arao aliblanco, ha sufrido las consecuencias de que el límite de las masas de hielo se desplace lejos de la costa y retroceda hacia el norte, porque al no poder alcanzar los bordes del hielo mueren. La extensión de hielo en el océano Ártico disminuyó un 3% cada década en el período que va de 1978 a 1996, y el hielo y los mares del Norte ha disminuido un 30% durante los últimos ciento treinta años. Se predice que el hielo existente en el verano del océano Ártico puede llegar a retroceder un 60% a medida que se duplica el dióxido de carbono. 

El maltrato y la matanza de animales continúa, pero debemos hacer que se oigan nuestras protestas.(..)Necesitamos a los animales y nos encariñamos con ellos porque son seres que sienten, no porque sean “objetos” insensibles. No obstante, incluso los animales cuya capacidad de experimentar dolor o sufrimiento no se conoce, merecen nuestro respeto y consideración para que sus vidas no se vean en peligro a causa nuestros comportamientos egoístas. 


No debemos tener miedo de que nos tachen de sentimentales o disculparnos por ser idealistas. Quizá parezca inútil por el momento, pero cuanta más y más gente se opongan al maltrato animal y a la explotación de nuestro entorno, más se beneficiarán nuestros hijos. Debemos mantener la esperanza de que si construimos una ética universal de valentía, respeto, preocupación, afecto, compasión y cariño, conseguiremos cambiar la situación aunque no veamos los resultados positivos de nuestros esfuerzos. Debemos apartar a un lado las frustraciones y los insultos personales, puesto que las recompensas tangibles no suelen aparecer inmediatamente después del activismo a favor de los animales y la Tierra. 
También debemos confiar profundamente en que la voz y las acciones de cada individuo aislado cuentan, porque así es. Martin Luther King junior dijo en cierta ocasión: “Llega el momento en el que el silencio es una traición”. Tenía razón: el silencio y la indiferencia pueden resultar mortales para nuestros amigos animales y para el planeta.




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