jueves, 4 de marzo de 2010

Un cambio de percepción hacia los animales no humanos

CONCIENCIA ANIMALISTA: LOS DAMASQUINOS

Relato de “Jaulas vacías” de Tom Regan. 



Este“cambio de percepción”(el de ver al resto de los animales como individuos únicos, con una vida propia, necesitando protección) puede expresarse de varias maneras, 
por diferentes razones y en momentos diversos. Algunas personas lo experimentan en un abrir y cerrar de ojos(…).Defino a estas personas como damasquinos, a raíz de la historia bíblica sobre lo que ocurrió con Saul en el camino hacia Damasco. 
Todos sabéis que Saúl fue invitado a Damasco a fin de acabar con las habladurías de un hombre llamado Jesús, hacia el cual Saul y sus amigos sentían una profunda hostilidad. En el camino hacia Damasco , narra la Biblia, Jesús apareció milagrosamente a Saul, y le habló. Esta aparición cambió para siempre la vida de Saul. Saul el detractor, quien se convirtió en Pablo el apóstol… 
Los damasquinos adquieren una conciencia animalista de una manera parecida. Un minuto antes aceptan el paradigma cultural dominante, y el minuto siguiente ya no. A este propósito merece la pena redactar el testimonio de un viejo activista alemán, quien, un día durante la segunda guerra mundial, al salir de un refugio antiaéreo, se topó con una yegua que corría desesperadamente por la calle completamente envuelta en llamas, puesto que la gasolina que la recubría había prendido. Al pasar al lado del entonces chaval, la yegua le miró a los ojos con una mirada de terror y acusación. Este hombre cuenta que sintió como si ella le estuviese preguntando: ¿”Qué he hecho yo para merecerme esto?¿Por qué no me ayudas?” 


A partir de ese momento , el hombre adquirió una conciencia animalita . Con su mente y corazón revolucionarios, ahora era capaz de entender la vida interior de los animales a través de la empatía y compasión , algo que antes nunca había sido capaz . Lo que sucedía a los animales, ahora le concernía. Ya que no tienen voz, el hablaría por ellos, poniendo a los demás las mismas preguntas que la yegua le puso a él: “¿Qué han hecho los animales para merecer el trato que reciben? ¿Por qué no los ayudáis?” 


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En otra ocasión , me hallaba cenando en un restaurante junto a Nancy, próximo a una mesa en la cual una señora estaba cenando sola. Empezamos a intercambiar algunas palabras, luego, como una frase lleva a la otra , sin saber de nuestra visión del mundo , la señora empezó a contarnos que había crecido en una pequeña granja, en la que , cuando era niña , cuidaba de una pequeña cordera . Cada mañana, antes de ir al colegio, y cada tarde, al regresar, iba a verla, la cepillaba, la alimentaba, hasta que, una tarde, fue al establo solo para ver que la cordera ya no estaba, y que la cena de ese día era un estofado de cordero. 
Esta joven mujer, que tendría unos 25 años, estaba a punto de llorar mientras contaba su historia. Luego añadió: “Nunca he perdonado a mis padres”, pero, a partir de ese día , su vida fue marcada por una conciencia animalista . La puerta por la que entró en el mundo no fue únicamente la triste condición de un solo cordero, sino el sufrimiento de todos los animales.


Experiencia de una persona que empezó a tomar consciencia de las consecuencias de sus costumbres alimenticias. 

“Para la mayoría de la gente, solamente el pensar en dejar de comer carne resulta muy difícil; dejarlo, puede parecer algo efectivamente imposible. 
Rebekah Harp, una profesora de educación especial ,(…) a pesar de haberse siempre considerado “una persona compasiva para con los animales”, comía carne. 
Sin embargo, hace unos años le sucedió algo decisivo. Ella describe la experiencia así: 
“Estaba saboreando un bistec en un bonito restaurante cuando empecé a observar a la gente que estaba comiendo conmigo. Cuando pienso en este episodio, me aparece siempre como si estuviera siendo proyectado a cámara lenta, como una escena de una película. El ruido de los cuchillos que se hundían en la carne se intensificaba progresivamente y los arroyuelos de sangre y grasa que se recogían en los platos hicieron que me encontrara mal. Una imagen de vacas aterradas que esperan su matanza, cruzó mi mente – y ese fue el último trozo de carne que comí. Esas vacas no eran diferentes de mis perros o gatos así que ¿cómo podía justificar comer carne? 


Algo parecido ocurrió a Gary y Gillian Cutick( Gary es un fisioterapeuta y Gillian es una arquitecta que viven en Raleigh) un día que estaban atascados en el tráfico, justo detrás de un camión repleto de cerdos camino del matadero. El camión tenía unas aberturas ovaladas para permitir la entrada de aire, y los cerdos que estaban en el fondo del camión miraban fuera; algunos se habían elevado sobre las patas traseras para poder ver mejor. Justamente enfrente de Gary y Gillian había al menos unos diez pares de ojos que les observaban. Y Gary y Gillian , sin ninguna vía de salida, no podían hacer más que devolverles la mirada. Una situación perfecta para un cambio de percepción. Lo que hasta entonces habían considerado como “algo que se compra envuelto en plástico” se convirtió en 
“alguien que estaba a punto de ser matado” 
Sin decirse una palabra, ambos decidieron en ese instante que dejarían de comer carne de cerdo. Como dice Gary, fue “un pequeño gesto para mejorar el mundo”.




1 comentario:

  1. Tengo pendiente la lectura de este libro, si no recuerdo mal me recomendaste. Me apetece mucho leerlo, aunque sé que sufriré durante su lectura. Qué impotencia! Cómo se ha podido "normalizar" el consumo de animales? debería haber sido justo al revés, a medida que avanzamos contemplarlo con aversión. Leer la visión de estas personas animalistas, es como mirarse en un espejo.
    Un muy fuerte abrazo, Yolanda.

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