miércoles, 31 de marzo de 2010

DE UN IRSE YENDO A UN MARCHARSE


“Los elefantes huérfanos que han visto matar a sus madres a menudo se despiertan gritando”
Mark Bekoff
DE UN IRSE YENDO A UN MARCHARSE
Susi se está muriendo. Susi se muere. Pocas visiones conozco tan dantescas y frustrantes para cualquiera que ame la vida ( es decir: no sólo la propia ), que la de un animal dejándose morir. No hay desasosiego más profundo y entristecedor que el de un ser vivo complejo como nosotras suicidándose pasivamente, rompiendo el compromiso que con la vida se adquirió naciendo, abandonándose al riesgo de morir, yendo hacia la muerte con los ojos cerrados, sin pelear. Susi se está dejando morir. A Susi la están suicidando.
Lo mutilante del tema, desde el punto de vista racional y emocional, es la incompetencia humana necesaria para que Susi, el animal terrestre más grande del planeta que habitamos, renuncie a la vida. Susi es una elefanta africana secuestrada legalmente en el Parque Zooilógico de Barcelona, escribí sobre ello. En el asunto entran en juego las etólogas del mentado zoo, que lo saben de sobras porque hace falta ser ciega para no darse cuenta, y son conscientes de que nada pueden hacer para salvar la vida de Susi, porque salvarle la vida pasa por liberarla y el bienestar absoluto de los animales es lo que menos suele interesar a quienes comercian con ellos, como no les interesa nuestra salud a las corporaciones farmacéuticas.
La empresa adquirió mediante injusta parcialidad humana, el título de propiedad de ese ser vivo, el cual vivió con su compañera durante años hasta que decidieron “dormir” a esta. Desde entonces Susi, sumida en honda depresión, se abandona a la muerte. La brillante solución de las gestoras del Zoo de Barcelona a este problema consistió en encarcelar una nueva elefanta para que se hicieran “amiguitas” ( según los extraños y fantasiosos preceptos del cine comercial norteamericano ), pero sucede lo que cualquier etóloga de paquidermos sabe: que las elefantas hembras no pertenecientes a una misma manada o criadas en común, tienden a luchar y no a emparejarse. Entonces los miserables 1300 metros cuadrados ( elevados dicen, generosamente a 2000 ), que les correspondían a las dos elefantas han tenido que ser divididos por una alta valla, para evitar conflictos, a través de la cual Yoyo, la nueva elefanta secuestrada, condenada a pudrirse de asco para el bien de las nóminas de los cargos del Zoo de Barcelona, huele a la otra elefanta y se estresa. A las elefantas se les ha aplicado una nueva inteligente solución: amputarles los colmillos para evitar que se hieran entre sí cuando las vuelvan a juntar, dado que la “solución final” es acumular de aquí y allá los siete u ocho paquidermos que se precisan para formar una manada mínima, de modo que el espacio dedicado a un elefante se convertiría quizás en el espacio dedicado a siete u ocho. Brillante. Permitidme la ironía en tal trágico momento.
La publicidad del Parque Zooilógico de Barcelona, como suele suceder en estas empresas, derrocha optimismo y ganas de escurrir el bulto, y postula de un modo mezquino y ciertamente infantiloide la idea de Walt Disney ( no la de un mundo nazi que promovió el amigo Walt, sino la otra ), de la amistad entre los dos “dumbos”. Mas el burdo truco no funciona, porque la realidad de la etología dista mucho de la fantasía de las zoólogas de ciudad, y más aún de los balances económicos de la empresa
Entretanto la soledad de Susi se ahonda, y la soledad de los elefantes les mata, es un hecho científico. Si dejar encerrada a Susi es asesinarla entonces el Parque Zooilógico de Barcelona asesina animales, la ecuación es sencilla. Pero no parece afectar a las conciencias ni a los dividendos de la empresa, condenada a ser rentable en los voraces tiempos mercantilistas que sobrevivimos, donde se atiende más al vulgar espectáculo de la zafiedumbre que a la belleza sutil de los seres y a los sucesos que de ellos emanan. Por ello el discurso proteccionista y la benévola custodia que las humanas ofrecen a cualquier otra especie a la que le echan el ojo, queda invalidado desde el momento en que no se alcanza el objetivo de velar por los intereses del individuo, por su protección o ni siquiera por…¡ su vida!.
La finalidad estrella de los centros de reclusión y ocio llamados parques zooilógicos del mundo consiste -citan las que entienden-, en “el estudio de los comportamientos de los animales salvajes para una mejor comprensión de su naturaleza”, según esa mirada podemos desprender que la práctica de la coprofagia, el aburrimiento encaminado al desquicio psicológico, la automutilación y la autolesión, la obesidad, la ingestión de objetos extraños, la depresión, los movimientos repetitivos ( estereotipados ), la soledad, el stress, la locura o la humanización de las conductas forman parte de la etológica normal de delfines, elefantes, osos, orcas, grandes felinos y herbívoros, reptiles, etc., obligados en los parques a llevar un modo de vida absolutamente contrario a sus auténticas costumbres, aquellas que practicarían en su hábitat.
No, no tiene ningún sentido.




Susi y su antigua compañera matada se mantenían juntas para sufrir con aplomo la visión etológica de los intereses económicos del zoo, para hacer ganar dinero a las mercaderes, bajo el mismo prisma que algunas dueñas de circos con animales afirman que sin fauna, el circo no interesa tanto al público. Los elefantes en los zoos sirven para soportar los chillidos histéricos de las niñas celebrando sus cumpleaños y la reducción de sus espacios vitales, muchísimo más ricos y amplios que el que se les adjudican. Los elefantes de los parques zooilógicos son como sparrings de boxeadoras deficientes mentales, como sacos de arena donde golpear con los puños de la estupidez social. Pero estaban juntas, ellas eran su propio universo. La dimensión anatómica de los paquidermos sólo es comparable a su extremada sensibilidad, a la sublime delicadeza de sus pasos, a su inquebrantable memoria o a sus tactos con la trompa ( una extraordinaria nariz-brazo de cien mil músculos ); y todo ello les convierte en seres únicos entre los únicos, imprescindibles entre los imprescindibles, irreemplazables entre los irremplazables. Prueba de ello es que su muerte es más lenta, tardan mucho en querer abandonar la vida y tardan mucho en morir físicamente. La agonía, proporcionalmente, es más intensa y desgarradora. Desde que Susi está sola, sencillamente no soporta el encierro y prefiere dejarse morir.
En el Parque Zooilógico de Barcelona hay una elefanta zombi, muerta en vida, que desfallece y fallece semana a semana, que no vivirá los hasta 70 años que pudiera vivir. Debiera ser liberada en algún santuario de los creados al respecto y no se hace porque cuesta dinero. No debieran incluso encarcelarse jamás elefantes ni para su (ab)uso en parques zooilógicos, ni para patéticos números de circo, ni para trabajos forzados de por vida, puesto que son además animales especialmente frágiles ( no nos engañe su tamaño corporal ), que vienen del mamut de hace un millón de años y se adaptaron a los climas asiáticos y africanos, animales veganos y pacíficos si no se les molesta.
Si, el pacifismo, eso es lo que más molesta a las comerciantes y a las asesinas, la maldita tenacidad por no matar ni esclavizar que tiene quien ama la vida. La maldita evolución de la especie contra la inercia de la brutalidad de quienes secuestran, encarcelan y torturan.
Los animales siguen teniendo el glamour de la sencillez, nosotras -dominando- hemos en cambio adquirido el lumpen de la complejidad a costa de la infelicidad, un precio muy grande para tan pocas ventajas.
(Para dirigir quejas al Zoo: zoobarcelona@bsmsa.es )
Xavier Bayle 

2 comentarios:

  1. Joder qué triste es esto, de verdad. Pobre animal. Y que ellos sean más personas que nosotros es aún más triste.

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  2. Spooky, Julio Ortega ha escrito otro estupendo artículo informando sobre la situación de Susi ,
    os paso el enlace:

    http://findelmaltratoanimal.blogspot.com/2010/04/susi-la-elefanta-presa-oculta-y.html

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