lunes, 15 de febrero de 2010

"THE GIVING TREE", "EL ÁRBOL QUE DA" o "EL ÁRBOL GENEROSO"

Espero que este información os resulte positiva. El comentario inicial no es mío. Os lo paso tal y como me lo envió  Alicia M. M. :

Cada vez se encuentran con mayor facilidad personas que realizan
proyectos para difundir la conservación y protección de la fauna y
flora, y expresar consternación por los hábitos consumistas que dañan
la frágil red biológica. El arte representa una posibilidad de
diversificar los medios en que el mensaje ecológico se expone y los
ámbitos a los que se dirige. El escritor estadounidense Shel
Silverstein narra e ilustra un cuento llamado “El árbol generoso” que
nos hace pensar en la riqueza natural que nos rodea, capaz de
satisfacer nuestras necesidades, aunque muchas veces no sean más que
caprichos. Quiero compartir ese texto con ustedes:


 Había una vez un árbol que amaba a un pequeño niño. Todos los días el
niño venía y recogía sus hojas para hacerse con ellas una corona y
jugar al rey del bosque. Subía por su tronco, se mecía en sus ramas y
comía sus manzanas. Y ambos jugaban al escondite. Y, cuando estaba
cansado, dormía bajo su sombra. Y el niño amaba al árbol… mucho. Y el
árbol era feliz.


Pero el tiempo pasó. El niño creció. Y el árbol se quedaba a menudo solo. Pero un día, el árbol vio venir a su niño y le dijo: “Ven, Niño, súbete a mi tronco y mécete en mis ramas y come mis manzanas y juega bajo mi sombra y sé feliz”. “Ya soy grande para trepar y jugar,” dijo él. “Yo quiero comprar cosas y divertirme, necesito dinero. ¿Podrías dármelo?” “Lo siento”, dijo el árbol, “pero yo no tengo dinero. Sólo tengo hojas y manzanas. Coge mis manzanas y véndelas en la ciudad. Así tendrás dinero y serás feliz”. Y, así, él se subió al árbol, recogió las manzanas y se las llevó. Y el árbol se sintió feliz.

Arbol anochecer 09

 Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía… y el árbol estaba triste.
 Y entonces, un día, regresó. El árbol se agitó alegremente y le dijo,
“Ven, Niño, súbete a mi tronco, mécete en mis ramas y sé feliz”.
“Estoy muy ocupado para trepar árboles,” dijo él. “Necesito una casa
que me sirva de abrigo. Quiero una esposa y unos niños, y por eso
quiero una casa. ¿Puedes tú dármela?”. “Yo no tengo casa”, dijo el
árbol, “el bosque es mi hogar, pero tú puedes cortar mis ramas y
hacerte una casa. Entonces serás feliz”. Y así él cortó sus ramas y se
las llevó para construir su casa. Y el árbol se sintió feliz.

IMG_0933.jpg Ramas image by Foxtrotfan

 Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía. Y cuando regresó, el
árbol estaba tan feliz que apenas pudo hablar. “Ven, Niño” susurró.
“Ven y juega”. “Estoy muy viejo y triste para jugar”, dijo él, “quiero
un bote que me lleve lejos de aquí. ¿Puedes tú dármelo?”. “Corta mi
tronco y hazte un bote”, dijo el árbol. “Entonces podrás navegar
lejos… y serás feliz”. Y así él cortó el tronco y se hizo un bote y
navegó lejos. Y el árbol se sintió feliz. Pero no realmente. Y después
de mucho tiempo su niño volvió de nuevo. “Lo siento, Niño,” dijo el
árbol, “pero ya no tengo nada para darte. Ya no me quedan manzanas”.
“Mis dientes son muy débiles para comer manzanas”, le contestó. “Ya no
me quedan ramas” dijo el árbol, “tú ya no puedes mecerte en ellas”.
“Estoy muy viejo para columpiarme en las ramas”, respondió él. “Ya no
tengo tronco” dijo el árbol, “tú ya no puedes trepar”. “Estoy muy
cansado para trepar” le contestó. “Lo siento” se lamentó el árbol,
“quisiera poder darte algo… pero ya no me queda nada. Soy sólo un
viejo tocón. Lo siento…”. “Yo no necesito mucho ahora,” contestó él,
“sólo un lugar tranquilo para reposar. Estoy muy cansado”. “Bien”,
dijo el árbol reanimándose, “un viejo tocón es bueno para sentarse y
descansar. Ven, Niño, siéntate. Siéntate y descansa”. Y él se sentó. Y
el árbol fue feliz.

 Una palabra: gratitud. Entender su significado y reencontrarnos con
ella, en una sociedad que piensa que ha pagado por todos los servicios
y que no tiene que agradecer a nadie. Menos a la naturaleza, de quien
toma mucho más de lo necesario. Claro, así sucede cuando algo es
gratis, abusamos. Ojalá reflexionáramos un momento y detuviéramos ese
consumismo ansioso en el que nos anclamos, desgastando nuestro medio y sobre todo reduciendo nuestra capacidad de sentirnos satisfechos con
lo sencillo, sin excesos.

            Resulta importante rescatar cuentos como éste. Debemos
buscar formas que sean nuevas en la emisión de mensajes ecológicos
para así conseguir un mayor impacto y convocar al cambio a un público
más amplio. Te invito a que compartas este cuento y esta reflexión.
Recuerda que en materia ambiental es primordial abordar los temas,
hablar de ellos, nombrarlos, pensarlos. Tal vez así, poco a poco al
conocerlos, comiencen a importarnos.


En este enlace podéis leer más información sobre este libro:


Copio un detalle que me parece importante para ampliar el comentario ya expuesto anteriormente sobre nuestra relación con la Naturaleza:

“La historia sólo usa la palabra “necesito” al final, para describir la necesidad del niño (ahora viejo) de un lugar para descansar; para el resto de sus deseos usa la palabra “quiero”.

La destrucción del Medio Ambiente, de la Naturaleza en general, por el ser humano, no está justificada en una “necesidad” real sino en un consumismo desolador fruto del egoísmo, del deseo acaparador, del capricho infantil e inmaduro , características propias de nuestra especie.
Una especie, la humana, principal causante de la extinción de miles de especies animales y vegetales  del Planeta. 

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