martes, 16 de febrero de 2010

El amor por los árboles (2º parte)

Quiero compartir con vosotros unas frases de “Intramuros (El río)” del libro de Mario Benedetti “Primavera con una esquina rota”. Espero que os podáis sentir , como yo, reflejados en la experiencia tan intensa de unión  con la Naturaleza, rodeados de árboles,
... la sensación de formar parte del milagro de la Vida.



No importa el orden de las fechas. Importa el orden que pongo a mis evocaciones. Por eso empecé diciéndote que hoy vengo del río. Y es un recuerdo en que vos no estás. El Río Negro, cerca de Mercedes. Cuando tenía doce o trece años, iba en el verano a pasar mis vacaciones en casa de los tíos. La propiedad no era demasiado grande (en realidad, una chacrita), pero llegaba hasta el río. Y como entre la casa y el río había muchos y frondosos árboles, cuando me quedaba en la orilla nadie me veía desde la casa. Y aquella soledad me gustaba. Fue de las pocas veces que escuché, vi, olí, palpé y gusté la naturaleza.




Los pájaros se acercaban y no se espantaban de mi presencia. Tal vez me confundieran con un arbolito o un matorral. Por lo general el viento era suave y quizá por eso los grándes árboles no discutían, sino simplemente intercambiaban comentarios, cabeceaban con buen humor, me hacían señales de complicidad. A veces me apoyaba en alguno de los más viejos y la corteza rugosa me transmitía una comprensión casi paternal. Repasar la corteza de un árbol experimentado es como acariciar la crin de un caballo que uno monta a diario. Se establece una comunicación muy sobria pero lo bastante intensa como para que después uno la eche de menos cuando vuelve al trajín de la ciudad.




 En otras ocasiones subía al bote y remaba hasta el centro del río. La equidistancia de las dos orillas era particularmente  estimulante. Sobre todo porque eran distintas y polemizaban. No tanto los pájaros, que las compartían, sino más bien los árboles, que se sentían locales  y un poco sectarios, cada uno en lo suyo, o sea, en su ribera. Yo no hacía nada. Simplemente observaba. No leía ni jugaba. La vida pasaba sobre mí, de orilla a orilla. Y yo me sentía parte de esa vida y llegaba a la extraña conclusión de que no debía ser aburrido ser pino o sauce o eucaliptus. Pero como aprendí varios años más tarde, las equidistancias nunca duran mucho, y tenía que decidirme por una orilla u otra orilla. Y estaba claro que yo pertenecía sólo a una de ellas. Ya ves como era cierto lo que te dije al comienzo: vengo del río.

Intramuros (El río)
de “Primavera con una esquina rota” Mario Benedetti 

2 comentarios:

  1. Precioso. Muchas gracias Yolanda.
    Un fuerte abrazo!

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  2. Gracias a ti Laura y perdona por no haber contestado antes a tu comentario.
    Aprovecho para decirte que, (sabiendo que eres una buena lectora) podías aconsejarme sobre algún que otro escrito que conozcas en el que se refleje el amor y respeto por la Naturaleza, los animales, la vida vegetal. Sólo tienes que mencionarme la fuente, el escritor, etc. y yo buscaré la información para compartirla con vosotros.
    Ya sabes, por desgracia no disfrutamos del tiempo que nos gustaría tener para poder leer...

    Un abrazo,

    Yolanda

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