martes, 23 de febrero de 2010

Perros asesinados, víctimas inocentes en Bembibre (León)

Cazando perros en España 

La Junta de Castilla y León ha autorizado una batida para matar a once perros que deambulan por un polígono industrial de Bembibre (León). Varios cazadores se han ofrecido voluntarios para la tarea.

 

Les describo una situación y Ustedes imaginan cuál sería la solución que propondrían para la misma. La Concejala de Régimen Interior del Ayuntamiento de Bembibre (León), nos explica que o nce perros, varios de ellos presumiblemente abandonados, deambulan libres por una zona industrial. Primera consideración: no se pueden calificar indiscriminadamente, en razón a su probable origen, de salvajes.Segunda: su estado actual es consecuencia de una acción humana ilícita, convirtiéndoles, en todo caso, en víctimas.
También nos tranquiliza, la Regidora, asegurando que dadas las circunstancias, no existe la menor alarma social por los hechos. Tercera consideración: se deduce pues, que no representan un peligro.
¿Cómo arreglarían esto?. Yo también le he dado vueltas al asunto y en mi caso, la actuación pasaría por dormirlos con proyectiles destinados a tal fin, llevarlos a un albergue, asegurarme de su buen estado físico, comprobar si tienen microchip para depurar posibles responsabilidades, y si se reúnen los requisitos ofrecerlos en adopción. En caso contrario, mantenerlos en la protectora en las mejores condiciones. Vivimos en una Sociedad que alimenta muchos parásitos racionales y éstos no lo son.

Esa es mi opinión, no sé si coincidente con la suya, pero ahora les traslado la que se ha tomado desde la Junta de Castilla y León: matarlos a todos. Sí, como lo leen, “muerto el perro se acabó la preocupación”.
Para la labor de verdugos, en aras, dicen ellos, del “interés público”, y con “el mayor dolor de su corazón”, apostillarán - pues no en vano afirman que los perros son sus fieles compañeros y amigos insustituibles - se han ofrecido varios cazadores. Tres han sido designados para ejecutar la matanza y, asómbrense, serán escoltados por la policía local para garantizar la seguridad. La de los canes no, está claro. Toda un alivio saber que la guardia municipal custodiará a estos escuadrones de la muerte castellano-leoneses.
Disponemos de armas con dardos anestésicos, de tiradores excepcionales en las Fuerzas armadas y de centros de recogida de animales abandonados. Somos un País europeo, sin nada que envidiar, según nos venden, a otros donde la muerte gratuita de un animal es rechazada y evitada a toda costa.
Pero no, aquí no. En la Nación donde los toreros reciben medallas y subvenciones, nos ponemos las gónadas por montera y nos introducimos la ética en la bragueta. Despreciando cualquier protocolo con atisbos de modernidad, de sensibilidad o justicia, nosotros tiramos de gatillo y asunto arreglado. ¿No seremos, visto lo visto, más bien la España machadiana que ha de helarte el corazón?


Me pregunto si estos intrépidos cazadores de perros querrán, finalizada su batida, poner las cabezas de esos canes en la pared de su salón a modo de trofeo. No lo sé, pero les aseguro que yo colgaría las fotografías de los escopeteros, la de la Concejala y la de todos los responsables de esta decisión, en la galería de imágenes de la España más brutal, negra y nauseabunda. Y de paso las nuestras también, por consentir y callar una vez más. Once perros están siendo asesinados y no pasa nada. Tremendo.

Por cierto, por si resulta de interés: el artículo 17 del Capítulo IV de la Ley de Protección de Animales de Castilla y León, dice que “de los animales abandonados se harán cargo los órganos administrativos competentes hasta que sean recuperados o cedidos y sólo en último término sacrificados”. Añade que “deberán de ser retenidos al menos veinte días para tratar de localizar a su dueño”. En el 18 indica que “para la recogida de animales abandonados se dispondrá de personal adiestrado y de instalaciones adecuadas”.Finalmente, en el 21, explica que “sólo se podrá sacrificar a los animales en poder de las administraciones públicas, cuando se hubiera realizado sin éxito todo lo razonablamente exigible para buscar un poseedor y resultara imposible atenderlos por más tiempo en las instalaciones existentes”. ¿Alguien puede quitarme la idea de que esta matanza de perros esté, tal vez, rozando la ilegalidad?

Julio  Ortega Fraile

Nota: las imágenes publicadas no corresponden con la noticia. 
Por desgracia, el asesinato de inocentes canes es tan común en este país, que resulta tristemente fácil encontrar fotografías con estos amigos leales como víctimas propiciatorias. 


Fuente de información: 


http://www.bembibre.com/batida-legal-contra-perros/








Los cazadores 
del Coto de San Román participan desde el pasado día 18 y hasta el 23 de febrero, en una “batida excepcional” y autorizada para matar a una manada de once perros supuestamente salvajes localizados en las inmediaciones del polígono de San Román.



Según la concejala de Régimen Interior Carmen Fernández a La Crónica, los perros llegaron a atacar a algunas personas aunque éstas “pudieron defenderse”. Ataques que no desembocaron en lesiones, en cualquier caso. Dijo, asimismo, que los perros se lanzaban a los coches.
La Junta autorizó esta batida hasta el próximo 23 de febrero, solicitada por los propios cazadores. Está controlada por efectivos de la Policía Local de Bembibre. Los perros supuestamente se encuentran alojados en las inmediaciones del complejo industrial próximos a una zona de paseo.

jueves, 18 de febrero de 2010

Cazadores buenos y animalistas malos

Bueno, pues hay que reconocer que el mundo cinegético tenía razón. La Administración, a instancia de la Consellería de Medio Rural de Lugo, ha abierto expediente a un buen número de los activistas contra el maltrato animal que el 30 de Enero, participaron en la protesta durante el Campeonato Nacional de Caza de Zorro que tuvo lugar en la localidad lucense de Portomarín. Ya saben en qué consiste: dolor, muerte, trofeos, comida, alcohol y testiculina a raudales.


Y digo que estaban enposesión de la verdad porque sin duda, esta medida corrobora los mensajes que los monteros, de forma particular o a través de las federaciones, han venido lanzando a la Sociedad, y en los que afirmaban que esos defensores de los raposos eran en realidad una pandilla de inadaptados, drogadictos, vándalos, violentos y hasta de terroristas. En fin, un cuadro como para salir corriendo en su presencia. El extremo opuesto a un caballero cazador.


El procedimiento abierto contra ellos describe y denuncia la acción punible que llevaron a cabo durante la jornada de cacería y su lectura, a cualquiera con la misma sensibilidad y ética que escopeteros y políticos de canana, le demostrará que efectivamente esta gente es culpable de las imputaciones hechas por los batidores, pues en el expediente sancionador se les acusa de: “Hacer ruido con el objeto de espantar la caza”. Imperdonable, ¿no?


Y lo causaron, según atestado de la Guardia Civil, con silbatos o con sus gargantas, pero muy zote hay que ser para no darse cuenta de que tales instrumentos son tan letales como cadenas, puños americanos, estiletes o Goma-2. Si hubieran empleado rifles de calibre 12 con plomos de doble cero hubiera sido muy diferente, pues esas son herramientas al servicio del conservacionismo y del amor a los animales, pero pitar y vociferar… ¿cómo se atreven?

Merecen ser castigados porque no se puede consentir que unos individuos, desalmados y nocivos, caminando por las zonas de seguridad del monte, cometan la terrible fechoría de hacer ruido con un chiflo y que esa gravísima acción, perturbe la necesaria paz que es menester para que unos honrados y probos ciudadanos, puedan disparar a cuanto zorro se les cruce por delante con el deseo de acumular más cadáveres que ninguno y llevarse el codiciado premio.


Estos hechos dejan claro que entre ecologismo o animalismo y terrorismo, hay más en común que un sufijo. Nos lo explican los que salen a matar animales porque les divierte mucho hacerlo, lo ratifica la Administración cuando tanto les ampara moral y materialmente, y queda muy claro comparativamente cuando los devotos de San Huberto, los políticamente buenos, posan orgullosos sobre los cuerpos reventados de sus víctimas, mientras los activistas, los políticamente malos, que jamás empuñan un arma, tienen la osadía de pedir respeto por la vida de todas las criaturas.


No estaría nada mal que todos los que no tenemos licencia de caza, a la vista de lo ocurrido, reflexionásemos sobre cuáles son las leyes y cómo se interpretan. Porque tal vez no esté permitido perturbar durante estas degollinas, pero por encima hay un hecho indiscutible: que aquí y hoy, el criminal, increíblemente, es el que lucha pacíficamente por acabar con la matanza injustificada de animales. Y que los ataquen de un modo rastrero los que gozan disparando a seres vivos no asombra ni un poco, pero que lo hagan ciertos políticos es abominable e intolerable.


Julio Ortega Fraile

http://findelmaltratoanimal.blogspot.com/






martes, 16 de febrero de 2010

El amor por los árboles (2º parte)

Quiero compartir con vosotros unas frases de “Intramuros (El río)” del libro de Mario Benedetti “Primavera con una esquina rota”. Espero que os podáis sentir , como yo, reflejados en la experiencia tan intensa de unión  con la Naturaleza, rodeados de árboles,
... la sensación de formar parte del milagro de la Vida.



No importa el orden de las fechas. Importa el orden que pongo a mis evocaciones. Por eso empecé diciéndote que hoy vengo del río. Y es un recuerdo en que vos no estás. El Río Negro, cerca de Mercedes. Cuando tenía doce o trece años, iba en el verano a pasar mis vacaciones en casa de los tíos. La propiedad no era demasiado grande (en realidad, una chacrita), pero llegaba hasta el río. Y como entre la casa y el río había muchos y frondosos árboles, cuando me quedaba en la orilla nadie me veía desde la casa. Y aquella soledad me gustaba. Fue de las pocas veces que escuché, vi, olí, palpé y gusté la naturaleza.




Los pájaros se acercaban y no se espantaban de mi presencia. Tal vez me confundieran con un arbolito o un matorral. Por lo general el viento era suave y quizá por eso los grándes árboles no discutían, sino simplemente intercambiaban comentarios, cabeceaban con buen humor, me hacían señales de complicidad. A veces me apoyaba en alguno de los más viejos y la corteza rugosa me transmitía una comprensión casi paternal. Repasar la corteza de un árbol experimentado es como acariciar la crin de un caballo que uno monta a diario. Se establece una comunicación muy sobria pero lo bastante intensa como para que después uno la eche de menos cuando vuelve al trajín de la ciudad.




 En otras ocasiones subía al bote y remaba hasta el centro del río. La equidistancia de las dos orillas era particularmente  estimulante. Sobre todo porque eran distintas y polemizaban. No tanto los pájaros, que las compartían, sino más bien los árboles, que se sentían locales  y un poco sectarios, cada uno en lo suyo, o sea, en su ribera. Yo no hacía nada. Simplemente observaba. No leía ni jugaba. La vida pasaba sobre mí, de orilla a orilla. Y yo me sentía parte de esa vida y llegaba a la extraña conclusión de que no debía ser aburrido ser pino o sauce o eucaliptus. Pero como aprendí varios años más tarde, las equidistancias nunca duran mucho, y tenía que decidirme por una orilla u otra orilla. Y estaba claro que yo pertenecía sólo a una de ellas. Ya ves como era cierto lo que te dije al comienzo: vengo del río.

Intramuros (El río)
de “Primavera con una esquina rota” Mario Benedetti 

lunes, 15 de febrero de 2010

El amor por los árboles

En el discurso  de aceptación del Premio Nobel 1998, José Saramago , recordó el amor que su abuelo sentía por los árboles, con estas bellas palabras:

“Mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias,  al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver”.  

Abrazarse a un árbol es una de las experiencias más maravillosas que la Naturaleza nos puede ofrecer. Sentir su fuerza,  olvidarnos de todo e intentar escuchar el sonido de la Vida. 







Hacedlo, merece la pena. No lo olvidaréis y a demás… es gratis.

Enlace para leer el discurso de José Saramago:

"THE GIVING TREE", "EL ÁRBOL QUE DA" o "EL ÁRBOL GENEROSO"

Espero que este información os resulte positiva. El comentario inicial no es mío. Os lo paso tal y como me lo envió  Alicia M. M. :

Cada vez se encuentran con mayor facilidad personas que realizan
proyectos para difundir la conservación y protección de la fauna y
flora, y expresar consternación por los hábitos consumistas que dañan
la frágil red biológica. El arte representa una posibilidad de
diversificar los medios en que el mensaje ecológico se expone y los
ámbitos a los que se dirige. El escritor estadounidense Shel
Silverstein narra e ilustra un cuento llamado “El árbol generoso” que
nos hace pensar en la riqueza natural que nos rodea, capaz de
satisfacer nuestras necesidades, aunque muchas veces no sean más que
caprichos. Quiero compartir ese texto con ustedes:


 Había una vez un árbol que amaba a un pequeño niño. Todos los días el
niño venía y recogía sus hojas para hacerse con ellas una corona y
jugar al rey del bosque. Subía por su tronco, se mecía en sus ramas y
comía sus manzanas. Y ambos jugaban al escondite. Y, cuando estaba
cansado, dormía bajo su sombra. Y el niño amaba al árbol… mucho. Y el
árbol era feliz.


Pero el tiempo pasó. El niño creció. Y el árbol se quedaba a menudo solo. Pero un día, el árbol vio venir a su niño y le dijo: “Ven, Niño, súbete a mi tronco y mécete en mis ramas y come mis manzanas y juega bajo mi sombra y sé feliz”. “Ya soy grande para trepar y jugar,” dijo él. “Yo quiero comprar cosas y divertirme, necesito dinero. ¿Podrías dármelo?” “Lo siento”, dijo el árbol, “pero yo no tengo dinero. Sólo tengo hojas y manzanas. Coge mis manzanas y véndelas en la ciudad. Así tendrás dinero y serás feliz”. Y, así, él se subió al árbol, recogió las manzanas y se las llevó. Y el árbol se sintió feliz.

Arbol anochecer 09

 Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía… y el árbol estaba triste.
 Y entonces, un día, regresó. El árbol se agitó alegremente y le dijo,
“Ven, Niño, súbete a mi tronco, mécete en mis ramas y sé feliz”.
“Estoy muy ocupado para trepar árboles,” dijo él. “Necesito una casa
que me sirva de abrigo. Quiero una esposa y unos niños, y por eso
quiero una casa. ¿Puedes tú dármela?”. “Yo no tengo casa”, dijo el
árbol, “el bosque es mi hogar, pero tú puedes cortar mis ramas y
hacerte una casa. Entonces serás feliz”. Y así él cortó sus ramas y se
las llevó para construir su casa. Y el árbol se sintió feliz.

IMG_0933.jpg Ramas image by Foxtrotfan

 Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía. Y cuando regresó, el
árbol estaba tan feliz que apenas pudo hablar. “Ven, Niño” susurró.
“Ven y juega”. “Estoy muy viejo y triste para jugar”, dijo él, “quiero
un bote que me lleve lejos de aquí. ¿Puedes tú dármelo?”. “Corta mi
tronco y hazte un bote”, dijo el árbol. “Entonces podrás navegar
lejos… y serás feliz”. Y así él cortó el tronco y se hizo un bote y
navegó lejos. Y el árbol se sintió feliz. Pero no realmente. Y después
de mucho tiempo su niño volvió de nuevo. “Lo siento, Niño,” dijo el
árbol, “pero ya no tengo nada para darte. Ya no me quedan manzanas”.
“Mis dientes son muy débiles para comer manzanas”, le contestó. “Ya no
me quedan ramas” dijo el árbol, “tú ya no puedes mecerte en ellas”.
“Estoy muy viejo para columpiarme en las ramas”, respondió él. “Ya no
tengo tronco” dijo el árbol, “tú ya no puedes trepar”. “Estoy muy
cansado para trepar” le contestó. “Lo siento” se lamentó el árbol,
“quisiera poder darte algo… pero ya no me queda nada. Soy sólo un
viejo tocón. Lo siento…”. “Yo no necesito mucho ahora,” contestó él,
“sólo un lugar tranquilo para reposar. Estoy muy cansado”. “Bien”,
dijo el árbol reanimándose, “un viejo tocón es bueno para sentarse y
descansar. Ven, Niño, siéntate. Siéntate y descansa”. Y él se sentó. Y
el árbol fue feliz.

 Una palabra: gratitud. Entender su significado y reencontrarnos con
ella, en una sociedad que piensa que ha pagado por todos los servicios
y que no tiene que agradecer a nadie. Menos a la naturaleza, de quien
toma mucho más de lo necesario. Claro, así sucede cuando algo es
gratis, abusamos. Ojalá reflexionáramos un momento y detuviéramos ese
consumismo ansioso en el que nos anclamos, desgastando nuestro medio y sobre todo reduciendo nuestra capacidad de sentirnos satisfechos con
lo sencillo, sin excesos.

            Resulta importante rescatar cuentos como éste. Debemos
buscar formas que sean nuevas en la emisión de mensajes ecológicos
para así conseguir un mayor impacto y convocar al cambio a un público
más amplio. Te invito a que compartas este cuento y esta reflexión.
Recuerda que en materia ambiental es primordial abordar los temas,
hablar de ellos, nombrarlos, pensarlos. Tal vez así, poco a poco al
conocerlos, comiencen a importarnos.


En este enlace podéis leer más información sobre este libro:


Copio un detalle que me parece importante para ampliar el comentario ya expuesto anteriormente sobre nuestra relación con la Naturaleza:

“La historia sólo usa la palabra “necesito” al final, para describir la necesidad del niño (ahora viejo) de un lugar para descansar; para el resto de sus deseos usa la palabra “quiero”.

La destrucción del Medio Ambiente, de la Naturaleza en general, por el ser humano, no está justificada en una “necesidad” real sino en un consumismo desolador fruto del egoísmo, del deseo acaparador, del capricho infantil e inmaduro , características propias de nuestra especie.
Una especie, la humana, principal causante de la extinción de miles de especies animales y vegetales  del Planeta. 

viernes, 5 de febrero de 2010

SEAMOS ÉTICOS, NO AVESTRUCES

Apuntes del libro “Los Diez Mandamientos” de Jane Goodall & Marc Bekoff 


Como fui niño durante los años sesenta soy un soñador con pocos límites. Le pido a la gente con la que me relaciono que imaginen que llevan una maleta llena de valor, compasión y esperanza y que , como se recibe lo que uno da ( a veces, esto es un pensamiento personal) ese cargamento de valor, compasión y esperanza nunca se les agotará. Es fácil que nuestro espíritu y nuestra alma se erosionen por las cosas “malas” que ocurren a nuestro alrededor. Parece como si fuésemos adictos a la destrucción de los animales y paisajes a los que más queremos. Pero cada día ocurren muchas, muchas cosas buenas en todo el mundo que pueden encender nuestro espíritu e impulsarnos a actuar. 

Jane y yo esperamos haberos inspirado para que actuéis- para que hagáis algo, cualquier cosa – para conseguir que este mundo sea un mundo mejor. Como señaló Margaret Mead: “ No dudéis nunca de que UN PEQUEÑO GRUPO DE CIUDADANOS ATENTOS Y CONCIENCIADOS PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO. DE HECHO , ES LO ÚNICO QUE HA CONSEGUIDO CAMBIARLO” 
ES IMPORTANTE CENTRAR LOS ESFUERZOS EN ALGO Y NO DEJAR QUE LOS QUE SE OPONEN A NOSOTROS DESVÍEN NUESTRA ATENCIÓN. ES UNA PÉRDIDA DE TIEMPO Y ENERGÍA LUCHAR CONTRA TODOS LOS INDIVIDUOS OPONENTES QUE SIEMPRE TERMINAN GANANDO SI CONSIGUEN DESVIAR NUESTRA ATENCIÓN HACIA ELLOS, EN LUGAR DE LOS TEMAS IMPORTANTES
”. 


Nunca es demasiado tarde para hacer algo , aunque sólo sea un minuto. (..) Escriba cartas a los medios de comunicación locales. Por muy poco que sea lo que cada uno podemos ofrecer, contribuirá igualmente a conseguir grandes soluciones. El más mínimo murmullo – una pequeña agitación- puede extenderse rápidamente. Aunque sólo tenga tiempo para ayudar a un único individuo, marcará diferencia. Se cree que las ballenas francas australes podrían sobrevivir si se salva una sola o unas pocas hembras cada año- una ballena marca la diferencia. 

Debe tener también recursos, utilizar los datos científicos disponibles , el sentido común y las anécdotas para evaluar la información que le llega y tomar decisiones sobre lo que se debe hacer en determinadas situaciones. 
(..)Los innumerables problemas que nos rodean no desaparecerán. 
La situación SÓLO EMPEORARÁ. Será muy difícil conseguir que los humanos y los animales (y la naturaleza) ganen siempre en el laberinto de conflictos y confusión recientes, pero nunca deberíamos dejar de intentarlo. Si no lo hacemos, me temo que tanto nosotros como nuestros hijos, sus hijos, y otros animales y la naturaleza como un todo, saldrán perdiendo, y la vitalidad, espíritu y alma que nos mantiene en la lucha por conseguir que éste sea un mundo mejor se extinguirán. Por fortuna, tengo la impresión, y otros están de acuerdo conmigo, de que existen cada vez más estudiantes y personas en general interesadas en temas éticos, y de que existe una tendencia progresiva a preocuparse más y hacer más cosas por los animales, los humanos y el planeta. 



(…)Pero ¿Queremos realmente vivir en armonía con la naturaleza? ¿Somos realmente como creemos que somos? Son preguntas muy simples, pero muy estimulantes. Si contestamos con un sí a una o a ambas, lo cual no sólo es políticamente correcto sino también ética y ecológicamente, estamos obligados a seguir adelante con agradecimiento, humildad, respeto , compasión y amor. En nuestras interacciones con los animales y la Tierra deberemos reemplazar el “sin sentido” por la “razón”. No perdemos nada y ganaremos mucho. No existen límites a la generosidad o a la amabilidad. 


Seguro que nos sentimos mejor con nosotros mismos si sabemos en lo profundo de nuestros corazones que lo hicimos lo mejor que pudimos y que tuvimos en cuenta el bienestar de los magníficos animales con los que compartimos el planeta, los mágicos y misteriosos seres que enriquecen nuestras vidas sin esperar nada a cambio, que las hacen más emocionantes , más alegres que si ellos no estuviesen presentes. ¿No se siente uno mejor al saber que existen animales “ahí fuera” a los que hemos ayudado, aunque no podamos verlos?¿ No se siente uno mejor al saber que hizo algo por ayudar al planeta, aunque no podamos ver los frutos de su labor? 

Al intentar restaurar la naturaleza, podemos restaurarnos a nosotros mismos , nuestras psiques que han sido fragmentadas a causa de nuestra alienación de los animales y de lo natural. A menudo buscamos ayuda en la naturaleza cuando nos sentimos decaídos. Necesitamos a los animales, a la naturaleza y a la vida salvaje. 


(..) La paz y la calma (y la felicidad personal, como recalcó Dalai Lama) son necesarias para acercar a todos los individuos a una comunidad en la que las diferencias se dejen a un lado para conseguir el objetivo común de hacer de éste un mundo mejor para todos los seres que lo habitan. 


No desviemos nunca los ojos de la mirada de los animales que nos necesitan y a los que nosotros necesitamos de igual modo o incluso más. La vida sin nuestros amigos animales sería solitaria y miserable. (…) No hay necesidad de temer que se vacíe ese potente y regenerador sentimiento de cariño que puede servir continuamente como poderoso estimulante para generar compasión, respeto y más cariño para todas las formas vivientes. (..) Estas interrelaciones emergentes que están por encima de los individuos fomentan un sentido de unidad. (…)Debemos caminar atentos a nuestros descendientes y no dejarles UNA ESTELA DE DESTRUCCIÓN TUMULTUOSA , DESENFRENADA Y EGOÍSTA. 


Al preocuparnos por los animales nos preocupamos por nosotros mismos. Necesitamos transformaciones personales que nos sirvan para cambiar las cosas. (…) Cuando destruimos el planeta estamos destruyéndonos unos a otros. Todos podemos ser soñadores y hacedores . Nos lo debemos a nosotros mismos y a los otros animales, con los que podemos hacer , desgraciadamente, lo que nos venga en gana. (..) Como mamíferos de cerebros grandes, poderosos, omnipresentes y supuestamente omniscientes que somos, representamos a los más poderosos sobre la Tierra. Realmente somos así de poderosos, y ese “así” conlleva innumerables y asombrosas RESPONSABILIDADES DE SERES HUMANOS ÉTICOS. NO PODEMOS SER MENOS.

 Marc Bekoff