viernes, 15 de enero de 2010

NADA, ES DECIR: TODO

 “Si no fuera Alejandro, quisiera ser Diógenes”
Alejandro Magno

NADA, ES DECIR: TODO
Xavier Bayle
Yo aprendo de los árboles como de los cachalotes o del krill, pero existe un ser que, especial y últimamente me enseña en exclusiva el supremo mecanismo de la vida. La gatita Cassandra.
Rescatamos a Cassandra de la calle, con una gripe gatuna afectada en ambos globos oculares que la dejaron invidente a perpetuidad. Digo “rescatamos de la calle” porque una felina invidente viviendo en ámbitos humanos es, prácticamente seguro, cadáver, cosa que no ocurre con el resto de gatas en libertad, de las que solamente habría que controlar su población, con objeto de que no suceda como con cualquier animal que vive cerca del ser humano (o dominado por él): que quiebra los equilibrios y alcanza unos números insostenibles en baremos naturales. Pero Cassandra vino a casa porque es lo que tienen los animales ciegos y que debieran ver, que no se las apañan.
La diferencia sustancial que advierto entre las personas invidentes y esta gata invidente ( pudiera acaso decir lo mismo de todas las gatas invidentes ), estriba en que la persona invariablemente cae en fases de depresiones, cólera, impotencia, ira, desconsuelo, odio, tristeza…y todas aquellas reacciones habituales en nuestra especie que se originan en el hecho de no poder valerse por sí mismas, en su minusvalía respecto a la autodeterminación, en el orgullo malherido, etc…. Cassandra, contra pronóstico, es el puro deseo de la vida, es absolutamente feliz con una bola de papel que ruede, reclama a sus amigas para jugar y sólo se queja cuando ellas se cansan de jugar y se suben a lugares altos y de difícil acceso a los cuales la pequeña Cassandra no puede acceder, lamentándose tiernamente del juego concluso. Ella sólo necesita agua fresca, pienso, algún que otro capricho gastronómico y cariño y calor de tanto en tanto, el resto de las necesidades se las regala el Universo.
Gato Meditando


Aprender a vivir es una alta práctica a la medida de las boddhisattva del budismo zen, del anacoretismo hindú o de la santidad cristiana, un arte cuya altitud mística sólo unas pocas personas pueden alcanzar, la mayoría de los seres humanos se revuelcan en su estercolero de esclavitud, lecciones mal aprendidas, terrores infusos, problemas prestados, ambiciones robadas y sueños de saldo. Cassandra goza con su propio ronroneo tranquilizador, su respiración coherente y su más absoluta indiferencia a los índices de cotización de la General Motors.
Pero valga decir que cualquier persona que no sea una absoluta imbécil ignora los índices de cotización de GM, a menos que se trate de observadoras alterglobalistas.
Cassandra nació en la calle, como muchas hijas de animales abandonados. Las mercaderes de mascotas en acuerdo con la prostitución gubernamental, permiten la venta y compra ilimitada de animales, estando los albergues de todo el mundo saturados. La frase “cancelación provisional de permisos de comercio de animales domésticos en beneficio del alivio de la situación de los “albergues” locales”, parece una infamia, puesto que nada debe detener el comercio de vidas. Cassandra fue el fruto del error humano, pero se aferra a la vida y la disfruta como si no tuviera nada más que la vida.
Porque, como todos los seres vivos, no tenemos nada más que la vida. Nuestra es nuestra vida y nuestra nuestra muerte, el resto son ridículos adminículos.
Precisamente aquí tenemos en qué consiste la sabiduría mística de la gatita Cassandra: en saber que el sentido de la vida es vivir. Y es en este candente punto donde fracasan incluso las místicas humanas, ocupadísimas en encontrar a deidades, estados supremos de ser, iluminaciones y otras bisuterías, cuando el milagro, el verdadero don, la dicha absoluta, la conciencia superior, consiste en despertarse por la mañana y ver el sol, acto del cual se sabe que es un milagro porque es gratuito. Y lo gratuito fue, es y será lo mejor del mundo, lo único que nos es realmente necesario. No haré inventario, pero mencionaré el viento, los besos, el agua, los paisajes no urbanos, el sueño, el amor, el calor, los ríos, la risa, el llanto, la luna, el sol.

Cassandra no ve el sol que las videntes vemos, ve un sol interior, una luz mucho más intensa que la de todas religiones juntas. Y más cálida. Concentrándose en respirar. Porque respirar es muy importante y lo más urgente. Podemos no comer durante meses, podemos no beber durante días, pero ¿cuántos minutos podemos no respirar?. Las pescadoras lo saben bien, las torturadoras también.
El desproporcionado número de abandonos de animales por culpa de las delincuentes que usan de las vidas como de las cosas, sólo es comprensible en la interpretación que tiene la ciudadana media, que compra animales no humanos como método para soportar una soledad mal asumida, para tener a las niñas calladas con el juguetito sin pilas, con el capricho anual de la familia o cualquier otro despropósito fruto del enfermo laboratorio social, psicópata y caprichoso: humano. Escogen animal como quien escoge tal o cual automóvil, según sus prestaciones o el color de ojos o carrocería-pelaje preferidos. Luego están las racistas, que prefieren los animales de raza bajo los mismos argumentos que el Ku-Klux-Klan prefiere a la gente de piel rosada. Pero no me extenderé con las racistas. Sólo un apunte:
Si no fuera porque las mayoría de los cerdos demuestran tener mucha más inteligencia -racional y emocional-, y sentido común que la mayoría de seres humanos, una diría que la racista tiene una mirada porcina. Sin embargo, para referirse a la misma intención, es preferible usar calificativos no especistas, del orden de alelada, ausente. Estúpida o simple, comparadas sin excesos con las máquinas tragaperras o los calendarios de los talleres mecánicos. Cerebros simples sometidos a mensajes televisivos simples. Carne fácil para la línea de montaje.


Pero, y ya entrando en la línea del activismo ¿cómo esperar resultados duraderos de métodos provisionales?. Se debería ser radical hablando del abandono de animales especialmente en España, donde cientos de miles acaban ahorcados, aplastados en las carreteras, reventados a tiros, usados como saco de arena en entrenamiento de perros de pelea, o asesinados en los patéticos albergues que dispone el estado y los otros, los privados, donde TODOS los horrores posibles y los no imaginados aún no han sido destapados de muchos de ellos. Albergues regentadas por analfabetas y semianormales que no saben pronunciar la palabra etología. Oportunistas y delincuentes a los que la ley debiera aplicarse con esmero. Ahí hay que ser radical.

Y cuando digo radical digo radical, digo radícula, digo raíz. La raíz de los problemas es, como he dicho, el descontrol inmenso en materia de producción de mascotas como si de objetos se trataran mientras los albergues siguen abarrotados mortalmente, regidos negligentemente por coleccionistas y gente sin más escrúpulos que los de recibir subvenciones. La raíz de los problemas son las granjas de cría ilegales españolas y centroeuropeas, la relajación subdesarrollada y delictiva de los cuerpos de (in)seguridad al respecto de la aplicación de las parcas leyes existentes al respecto, la indiferencia de los poderes, ocupados en ponerle tiritas a la gangrena mutilante del sistema neoliberal y la crisis financiera. Mientras todos esos rotos sigan tratándose como descosidos malgastaremos muchísima energía en tratar de detener la hemorragia anual del problema inmenso del abandono animal en España, donde el precio de la vida de las personas no guarda ninguna relación con el precio de la vida animal no humana y donde amantes de las animales se los comen con dos carrillos y lucen sus imbéciles camisetas en quatricomía voceando amor a los perros y los gatos y punto, porque en esas dos especies se acaban los animales según su algo miope punto de vista.


España, donde se consumen 143 kilos de carroña anualmente por española media y donde las granjas intensivas contaminan los acuíferos subterráneos de toda la península para celebrar el sacrosanto San jamón serrano y las longanizas, está muy lejos de amar a los animales, y mucho más lejos de respetarlos.
La ley promulga que debemos tratar a todos los seres humanos por igual… con todas las excepciones que incluso la ley reseña de puro lógicas; aunque se trate por igual a Osama que a Obama -siendo ambas personas terroristas-, y no se trate por igual a una torera famosa que a una vagabunda infectada de sarna, cuando la segunda tiene más probabilidades estadísticas de ser mejor persona que la primera. La segregación existe, sí, pero difieren los motivos. Por eso a un perro se le acaricia la nuca y a una vaca se le secciona, es la misma irracional marginación heredada, cultural, propia de la sociedad que nos dejaron construida. Por mi parte y puestas a escoger, me quedo con el perro, la vaca y la vagabunda. Y a Obama, a Osama y a la torerita, que les den mucho y mal.
La gatita Cassandra no leerá estas palabras, ni las entenderá si se las leo. Ella percibe otros sonidos más lúcidos, otros olores más sugerentes, otra dimensión espectacular de cuanto nos rodea. Mucho más amplia y esencial que la nuestra. La gatita Cassandra no se cuestiona el acierto o el error de nuestra percepción del Universo, sabe más: lo vive.
Y para acabar, ante la eterna cuestión de nuestra lectura del Universo, de cómo lo percibimos, surge como respuesta una lógica segunda pregunta más inquietante: vale, pero, ¿cómo nos percibe a nosotras el Universo?

Xavier Bayle







3 comentarios:

  1. Cuanto me alegra que Casandra haya topado con buenas personas. Y es cierto,por desgracia, el especismo ha dotado de ciertos privilegios a unos animales, que son tratados como acompañantes del ser humano, y en cambio otros son tratados como alimentos del mismo. Una incongruencia más que beneficia a unos y perjudica a otros. Una absurda discriminación entre especies, que considera unas vidas más valiosas que otras. Un antropocentrismo que no entiendo ni comparto.
    Un fuerte abrazo!

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  2. Gracias Laura.
    La mayoría de nosotros hemos nacido y crecido en un ambiente especista, hemos tenido que aprender y mejorar con el tiempo. Gracias a los artículos de Xavier Bayle y otros compañeros, (como nuestra querida Spooky), podremos ayudar a que nuestros semejantes tomen conciencia de esta gran injusticia.
    Un beso,
    Yolanda

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  3. Y también gracias a tí Yolanda. Por tu sensibilidad hacia el resto de animales y tu enorme sentido de la justicia. Besos.

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