sábado, 9 de enero de 2010

DIOSES Y PERROS






“El primer beso no se da con la boca sino con los ojos”
O.K. Bernhardt

DIOSES Y PERROS
Existen dos inventos en la historia del ser humano sin los cuales ni el curso ni la idiosincrasia de la sociedad hubieran sido lo que son, estoy refiriéndome a dos creaciones humanas clave a la hora de dimensionar el universo desde el punto de vista de nuestra especie: dios y el perro.
Dios y el perro son seres míticos hechos a nuestra medida, no existen en una naturaleza abarcable de las cosas. El ser humano extrajo a dios de su caja de miedos y flaquezas para responder a veces con violencia a veces con piedad a los vaivenes de su naturaleza desequilibrada que no aceptaba las leyes de la Naturaleza, justificando de un modo curiosamente megalómano -y extremadamente parcial-, su existencia en el universo. El perro no obstante fue algo más físico y rastrero, pues fue arrancado del lobo original para darle un rostro animal a la humanidad, para fingirla ser mejor de lo que era, dado que resulta innegable la participación del perro como puente entre el mono que pretendemos abandonar y el humano racional ( demasiado robotizado para mi gusto ), al que estamos por llegar. Una de las múltiples infamias que nuestra especie comete con el perro consiste en hacer tantos tipos de perro como de personas, hay modelos gamas, modalidades, formas, colores… las razas de perros son espejos de los tipos humanos. Por eso tenemos chihuahuas, caniches, rotweillers, canelos, dogos, bull-terrieres, salchicha, setters, y tantas y tantas otras ilustraciones de caracteres humanos que el perro representa sin su consentimiento.



El perro indudablemente, nos sufre siendo. Sin embargo para llegar a los valores educativos, de fidelidad, de amor absoluto, de apego, de coordinación y cooperación, etc. que tienen estos animales, al ser humano le queda mucho por recorrer, o simplemente sucede que los dejo atrás cuando dejo atrás al animal que fuimos antes de ser lo que ahora somos. Sea lo que sea que seamos.
En éste ámbito los cementerios para animales no humanos son tan perversos como los cementerios para los animales humanos, donde las muertas ocupan mas lugar que los vivas, santificando la muerte de un modo enfermizo y robándole espacios a los animales salvajes para imponer nuestra gloria mortal.


Cuando en los tiempos actuales, con todas sus digresiones y renuncias, iluminaciones y escepticismos, conciencias y desacuerdos, una no puede eludir el aluvión de tendencias y hechos científicos que apuntan al ser humano como un ser inferior, el humanismo agoniza estrangulado por el antropocentrismo. Antropocentrismo evidente, nítidamente identificable porque sale en televisión, viste pieles o cueros y uniforme de camuflaje, se botoxiza las cejas y canta ante masivos coliseos letras insultantes, pretendiendo mantener como estandarte esa parte mala de la infancia (la que ignora, la que es cruel, la que es caprichosa y llorona ), para defenestrar la buena que nos habla de la inocencia y de la humildad -en suma, de algún tipo de pureza-. En ese medioambiente social y paleontológico el ser humano carece de opciones colectivas, suspende su labor de individuo para amoldarse al sistema común. Es decir, abandona su voluntad para refugiarse en el calor del grupo, que no es un medio de cooperación sino un usufructo.
Entonces una asocia que ese abandono de la responsabilidad personal ante nuestra propia biografía para entregarse a la corriente común no es muy disímil del efecto producido por la narcodependencia de ciertas personas a sustancias tóxicas de todo tipo, desde el café a la cocaína, el crack, los fármacos, la heroína, el tabaco, la carne, la leche, el pegamento o el hachís, porque todos actúan del mismo modo: anulando la identidad o transmutándola a esferas de invalidación de nuestro libre albedrío, buscando placeres agresivos con nuestro cuerpo o el de las demás. Es, por resumir, una manera de “ser no siendo”, una libertad ( dicen algunas ), barata y esclava donde, repito, el individuo carece de opciones, atosigada por agentes exteriores.
Hay gente que se suicida cortándose las venas dentro de una bañera, las hay que escogen saltar por el balcón y las hay (una enorme mayoría ), que utilizan el método de adaptarse al sistema.



Y para aquellas que quieren vivir y dejar vivir un camino directo es que existe el veganismo.
El veganismo por ejemplo no es ni mucho menos solamente una dieta, sino que pretende abarcar y eliminar cualquier tipo de despotismo contra las especies animales, por eso una vegana racista tiene poco de vegana, por ejemplo. Sin embargo, más allá del discurso causal el veganismo es ante todo una estrategia, y por encima de los otros objetivos es un ataque económico al sistema financiero que permite el exterminio masivo y unilateral de la especie humana contra el resto de las especies. No debe haber orgullo en el veganismo ni odio ( aunque hayan, muy lamentablemente ), solamente la felicidad de haber despertado de la pesadilla civilizatoria. El veganismo como herramienta de liberación animal no se centra en la búsqueda personal del equilibrio, ni en la renuncia como camino de evolución individual, ni en la bondad que somos capaces (y debemos) de alcanzar, sino una vía eficaz para minar los intereses de la máquina industrial genocida que llamamos Cadena Alimentaria Humana.


Cerrando la entrada de dinero se cierran las actividades sociales, únicamente sustentadas en la razón financiera, y donde el evitar (mediante la renuncia a la demanda ), que los animales no humanos nazcan es ya de por sí liberarlos.
Evidentemente que una, dos o cien personas renuncien a financiar el engranaje dentado del espejismo no va a boicotearlo severamente, puesto que las pérdidas económicas en el mejor están externalizadas a los propios gobiernos (o sea, que pagamos las contribuyentes), y en el peor de los casos resultan mínimas a las mercaderes, sean Campofrío, Nestlé, Kraft, Danone o cualquier otra corporación transnacional. No obstante se crea una consciencia social, una red y una alternativa real en tiempos de conflictos reales. Donde la crisis ecológica global que afecta a todas y cada una de las criaturas vivas de este planeta necesita ya hace tiempo de respuestas contundentes que llegan demasiado lentamente.


Soy persona que se cuestiona constantemente la legitimidad del ser humano en este planeta, su valor sobre la Tierra, y me cuesta encontrar respuestas. Siendo artista la cosa parece bastante sencilla, basta con recurrir a la coartada de imaginación, a la sensibilidad, a la belleza del acto creativo y del producto generado para validar nuestra permanencia terrestre. Sin embargo no hay que perder el norte de lo que resulta importante para el planeta y el equilibrio de los seres que lo habitamos para desestimar de inmediato aquellas razones que nos parecen imponderables. La poesía, las artes plásticas, los fastuosos edificios funerarios, la orfebrería o la moderna tecnología en materias de energías renovables o reciclaje están únicamente diseñadas para satisfacernos o, en el peor de los casos, para tratar de salvar los efectos de nuestra devastador modo de vida, de una irresponsabilidad a la altura de nuestra miseria intelectual y ética. La música es lo único que ha salvado una primera criba dado que algunos animales reaccionan con estímulos de placer ante las notas musicales, el resto de todos nuestros asuntos resultan triviales o destructivos directamente para el medio ambiente y la garantía de supervivencia incluso de nuestra especie.
El ser humano es un milagro (desvestidle el sentido religioso ), una excepción de la naturaleza, supremacía la cual la ciencia no puede explicar de modo coherente sino sólo con argumentos antropocentristas. El ser humano nace y muere desnudo, tarda demasiado en hacerse adulto e independiente, tiene una infancia larga y frágil, es incapaz de correr para alcanzar una presa (por eso debe ser agricultor ), enferma con rapidez, es poco resistente en general, tiene poco desarrollados los sentidos y pierde poco a poco la intuición, el instinto de pervivencia. En el medio natural, desasistido de sociedad, el ser humano tiene pocas probabilidades de sobrevivir, es realmente difícil que el animal humano prospere y realmente sobrecogedor que lo haya hecho. ¿A qué se debe ?, ¿ es nuestra inteligencia realmente la causa de nuestra soberanía ?, ¿ somos más astutas ?, ¿ más valientes ?, ¿ más creativas ?… No, simplemente el ser humano conoce y acondiciona el mal. El ser humano es perverso y carece completamente de escrúpulos. La única forma de civilización y concepto ético que posee el ser humano ha sido gracias a miles de años de formación, porque en realidad el ser humano es un residuo incompleto, una especie menor, una degeneración del primate, deificado únicamente ante sus propios ojos. En la Naturaleza y contra ella el ser humano es poco probable. No es su inteligencia el arma evolutiva, sino su capacidad de mentir, engañar y exterminar.
Es por ello que no solamente se debe entender la lucha por la cabeza, es decir por los argumentos intelectuales, porque viene a ser como comenzar a construir una casa por el tejado, sencillamente se viene abajo, o es preciso un innúmero ilógico de estructuras adyacentes para lograr que se mantenga. La lucha animalista, como un cuerpo humano, debe comenzar por los pies y las piernas, por las razones ecológicas y la ley de la tierra, después pasar por el estómago (veganismo ) a la hora de aplicar el antiespecismo, luego por el corazón, las razones emocionales y por último, comprender todo este entramado de situaciones y argumentos y establecer reglas y bases intelectuales para dimensionar qué es lo que hemos hecho y por qué.


¿Ecologista y carnívora?: de ningún modo. No se trata de hipocresía únicamente, sino de comulgar con una influencia real si realmente pretendemos cambiar las cosas, y aplicar soluciones a la altura del problema, sin infantilismos ni contradicciones. Hay tres veces más animales “de consumo” que personas, 153 millones de animales mueren cada día y treinta mil hectáreas de selva tropical son destruidas cada día para alimentar las insaciables gulas del mundo. La extinción del planeta no es ya sólo una frase. Lo estamos consiguiendo.
Ni dioses ni perros van a ayudarnos ante nuestro peligro de extinción porque como ellos es nuestra culpa, hay que ser responsables y acertar. Hay que volver a la tierra, hay que ser un poco inhumanas para sobrevivir, escuchando la voz de la infancia buena que nos dice desde dentro cosas familiares. Cuando los animales no humanos dejen de ser comida que anda y los animales humanos dejen de ser recursos de progreso, descubriremos unánimemente que la tortura destruye a quien la recibe y a quien la causa en igual porcentaje, descubriremos que no es necesario matar para vivir, ni torturar para crecer. Porque vivir y crecer son asuntos simples y naturales y no necesitan violencia, ni sangre vertida, ni vidas atormentadas, porque un día decidimos erradicar la violencia de nuestra sociedad.
Y porque, en resumen, sólo es preciso poner en práctica las teorías.















4 comentarios:

  1. El ser humano es una plaga que se extinguirá por tener demasiado éxito. Nuestra capacidad de adaptación, la mala leche y el especismo nos exterminará.
    No me da pena que los humanos desaparezcamos. Lo que me da pena es que nos vamos a llevar a un montón de especies por delante y ellos no tienen la culpa de nada.

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  2. Y mientras vemos con impotencia hacia dónde vamos y quienes están pagando el precio más alto en este vergonzoso progreso, los burócratas siguen engañándonos con cumbres llenas de acuerdos ridículos e inservibles. En fin, qué mal arreglo tiene ésto, por estar en manos de codiciosos sin escrúpulos. Besitos.

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  3. Tienes razón, Spooky, si sólo fuésemos nosotros los que recibamos el resultado de nuestras acciones. Lo triste es que no sólo la especie humana va a terminar mal sino que nos llevaremos por delante todo lo que está vivo, víctimas inocentes que han tenido la desgracia de toparse con malos vecinos...
    Para el resto de las especies, el ser humano es un dictador, destructor, déspota y muchos más calificativos que empiezan por de...

    En realidad , somos imbéciles con G.

    Gracias a ti también , Laura.
    Tus comentarios son siempre bien recibidos.

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  4. Muchísimas gracias. Un fuerte abrazo!

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