miércoles, 6 de enero de 2010

COMPLEJOS DE CLASE

 “Es como sería este puto mundo
si hubiera que soportar las cosas tal como son


Juan Gelmán

COMPLEJOS DE CLASE
Cuando era pequeña recogía de la calle botellas de cava y periódicos viejos los cuales vendía al día siguiente para comprarme chucherías y tebeos. En casa éramos seis, un solo sueldo, y no derrochábamos en tonterías, es decir que las cosas esenciales estaban, pero para las superfluas había que hacer esfuerzos, baste decir que hasta mis nueve años no tuvimos televisor, retardo el cual no hallo manera de agradecer pues minimizó los riesgos de estupidización a la que es sometida hoy día la infancia, sin que haya modo legal ni divino de evitar. Comida, como digo, en la infancia de casa no faltaba ( a juzgar por mi volumen entonces más bien diría que sobraba ), más allá de esto predominó siempre esa ley natural que casi todas las especies utilizan para sobrevivir, y que dicta que hay que buscarse el sustento por sí misma, y que hay que aprender a adaptarse a las circunstancias. Años después llego la edad laboral, los sueldos mensuales, las pagas extras, y la situación económica empezó a estropearse: estábamos reglamentándonos al orden social. Todas convinieron en que habíamos progresado. Yo todavía lo dudo, razonablemente además.
Recuerdo con nostalgia aquella época de carencias ( no era pobreza, sino lógica resignación ), que obligaba a seleccionar severamente las necesidades reales de aquellas creadas por el entorno, por la máquina publicitaria o por la sintomatología del cáncer social, dentro del cual la población se revuelca a cuestas con sus paranoias, sus neuras, sus complejos… y los aprehendidos en el día a día. Las corporaciones mercantiles, de todo tipo y catadura, hurgan en los detritos del alma humana para vender sus ungüentos y sus elixires…, las charlatanas vociferan sus mercancías desde las galerías comerciales, ofreciendo zanahorias de plástico a la compradora compulsa y caprichosa.

En estos términos podríamos describir la economía de mercado.


El escenario donde se comete dicha economía está muy especificado: el infantilismo retrógrado de la sociedad, la cual se divierte así con emociones y conceptos artísticos y culturales a la altura de las disminuidas psíquicas y de las personas en período lactante, más que a la de gente adulta, responsable y consciente. Al infantilismo del “YO” y del “MÁS”, se suma la frustración derivada de no poder alcanzar esas dos máximas universales donde el protagonismo personal y la tenencia ( “tener” por encima de “ser/hacer” ), han fascinado con sus primitivos placeres los intereses evolutivos de la comunidad humana. Crearon una esquizofrenia colectiva para que no parezca esquizofrenia.
Pero lo es.
Y es que no es comparable el llanto de una niña sometida a un bombardeo y el de otra niñas que extravió su teléfono celular en la discoteca, aunque se parezcan.
De personas hay muchas, pero de tipos de personas, menos. Por lo estruendoso de su minusvalía se distingue a aquellas de las que quiero hablar hoy, aquellas incapaces de alcanzar un reconocimiento social digno a base de inteligencia, bondad, naturalidad, talento o calidad personal, y que por lo general utilizan dones robados. Estoy hablando de la dignidad que tiene la ladrona que roba para acumular, la inteligencia de la cazadora que arrebata seres al paisaje, la bondad y la calidad humana de la compradora de abrigos de pieles, o el talento y la naturalidad de la paramilitar que corta la cabeza de una indígena amazónica para satisfacer su ego y resolver los inconvenientes de la empresa maderera. Se trata de seres frustrados que la sociedad tolera e incluso respeta, siendo sin embargo escoria menor, residuos que la sociedad debe eliminar si pretende avanzar. O en el mejor de los casos, atiborrar de analgésicos y antiansiolíticos para que no sufran su propia estupidez, no hagan daño a nadie y no se autolesionen.


Como he dicho yo no fui pobre, reservo esa palabra para los cientos de millones -si no miles-, de seres humanos que viven con menos de dos dólares al día. No fui pobre, pero carecí de muchas cosas. Ahora que he recuperado sabiamente y por propia voluntad ese estado, me siento mejor. He vencido al fantasma del complejo de clase.
El complejo de clase es algo artificial, una enfermedad social creada alevosa y premeditadamente por las dueñas de la sociedad de consumo y que consiste en hacernos sentir como excrementos si no consumimos. Generalmente esa “clase”, se compra, y las personas “con esa clase” son sólo personas que se venden por más dinero, disímiles en la cantidad pero no en la calidad.
Son gente sorda, por eso no escuchan el apagado burbujeo de la saliva mezclada con moco y sangre de algunos vasos reventados, que mana cuando exhala su último aliento un zorro electrocutado. Todos los músculos del mamífero se tensan y se agarrotan, congelándose finalmente por el hielo del morir. El definitivo hielo de estar muerto, cuya continuidad en forma de abrigo es falsa pues sin vida un zorro no es zorro sino despojo, materia muerta para conciencias muertas, abortos emocionales. Ese sordo burbujeo es un sonido atroz donde los haya, es una profunda sinrazón, perversamente humanitaria por lo que de horrible lleva. Una muerte inútil como todas las infringidas por mano humana. Luego las deposiciones y los orines resultantes de los músculos que no actúan evacuan del cadáver definitivo, y ese zorro maravilla del deseo de vivir, milagro en movimiento, en unos segundos ha sido convertido en nada, en un harapo sin mayor valor que una simple mercancía para las asesinas. La gente “con esa clase”, nunca podría imaginarse qué significa morir con un electrodo PROFUNDAMENTE metido en la vagina o en el ano y otro en las encías y la lengua, segundos antes de sentir el relámpago del dolor postrero.
Por eso compran abrigos de pieles. Masturbando sus imágenes ante el espejo de la ignorancia con que sólo son capaces de verse.
Las pieles no son un producto de vestimenta más, porque no son legítimos ante la ética; y su valía es postiza, apta para miradas muertas, para cuencas vacías. Las de los monstruos.


La sociedad no va a detener la creación de monstruos, porque se mueve gracias a las falsas pasiones, a las frustraciones mencionadas y a los complejos creados a base de miedo a la soledad. Por eso la lucha contra las pieles no va a pasar por convencer a la gentuza que compra pieles, rara vez despiertan y cuando lo hacen lo hacen mal y sienten vergüenza privada, esa vergüenza que no arregla nada. La lucha contra la peletería va a ganarse en los juzgados y en los parlamentos, como muchas otras.
Sólo en Estados Unidos la cría de visones vomita a la atmósfera 1000 toneladas anuales de fósforo. Junto con el nitrato de fósforo son las dos toxinas comúnmente causantes de la contaminación del agua, eso equivale a decir que “su” derecho a vestir pieles envenena nuestra cadena alimentaria, lo que comemos y lo que bebemos. Dióxidos de azufre, metales pesados y numerosas toxinas volátiles ( algunas de ellas cancerígenas como el plomo, la naftalina, el glicol etílico, el cromo o el tolueno ), pasan al aire que respiramos, se posan en la tierra que produce nuestro alimentos y se mezcla con el agua que bebemos.
En 1991 la Agencia NORTEamericana de Protección Medioambiental condenó a su industria peletera nacional con dos coma dos millones de dólares por ecocídio. Ridícula suma que jamás podrá pagar nuestra salud ni el daño provocado, y que la industria pagó sin problema ni trauma, pues el negocio de las pieles arrancadas mueve miles de millones cada año.
Otros datos interesantes que he recogido es que el uso de pieles de animales aumenta el riesgo de cáncer de mama, dada la enorme cantidad de productos químicos ( muchos más de los referidos ), necesarios para detener el proceso de descomposición natural del -en resumen- despojo de carroña con el que se fabrican los abrigos de pieles. Sólo en Finlandia se vierten en el aire mil quinientas toneladas de amoniaco anuales, cuyo olor resulta hediento para las vecinas colindantes a la factoría peletera, además de representar una importante fuente de polución atmosférica para paliar el complejo de clase de enfermas sin escrúpulos.
La producción de pieles naturales necesita 3 veces más energía que la de ropa de origen sintético, si hablamos de animales salvajes robados a la naturaleza, y hasta cuarenta veces más si hablamos de granjas de cría. 69 países ( Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Nicaragua, Panamá y España, si mencionamos los de habla hispana), han prohibido el uso de trampas de cepo para capturar animales salvajes, pero ninguno de ellos ha prohibido la caza de animales para pieles.


Mientras tanto, en al antroposfera de la ineptitud, existe un sonido perverso que no logra penetrar muchos oídos, diseñados para no escuchar. Es el sonido de las cervicales crujidas de una, dos, diez mil chinchillas, es el gorgoteo de las gargantas de las nutrias asfixiándose durante treinta minutos “humanitariamente” exterminadas con monóxido de carbono, es el descorazonador chillido apagado de la marta electrocutada, del castor atrapado ahogándose en el cepo bajo el agua, el sonido del desgajo de la musculatura y del hueso roído del zorro atrapado que se amputó la pata para poder huir y que morirá horas después libre, gangrenado o desangrado, … La ineptitud que les hace solamente escuchar el siseo de los billetes cambiando de mano, el susurro frívolo de la charla cómplice entre la mercader y la acomplejada neurótica dispuesta a pagar un alto precio para curarse lo incurable.
Alto precio que no pagará jamás el que los animales pagan con su vida.


Xavier Bayle 






está sucio de sangre reseca
mira incomprendiendo
la boca del fusil que apunta su frente
no entiende nada
pero el dolor de la trampa en el tobillo
le sigue provocando intensos calambres
en todo el cuerpo desde ayer
la nieve resulta insoportablemente helada
va a morir en cuatro/ tres / dos/ un segundo:
ya
su piel cotizará menos porque está mordida:
intentó arrancarse la pierna a bocados
para librarse del cepo/ mierda / dice el cazador
y ejerce un trago de petaca
el resto no importa demasiado/ las comerciantes
las ínfulas/ la miseria espiritual de la civilización
pasa sobre la vida violada una vez más
y la luz no entrará en los ojos del zorro gris
para otras usuarias más vivas
es tan suave la piel ajena……..


Xavier Bayle
Cuaderno de equilibrios y descréditos










2 comentarios:

  1. Muy buen articulo,la verdad es que dices las cosas bien claritas y llamando a las cosas por su nombre,por desgracia parece como si no fueran capaces esas personas (por llamarlo de algún modo) de despertar de su profunda gilipollez,pero digo yo,no es tan dificl darse cuenta,solo hay que pensar un poco,razonar,y darse cuenta de que son seres vivos al igual que ellos.

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  2. Gracias por tus palabras. Tienes razón, el texto es fantástico y claro, pero no me lo apliques a mí, en este caso es de Xavier Bayle, un magnífico escritor. Si te fijas, está su nombre en dos ocasiones, tanto al final del artículo como al final del poema.
    Me alegro de que te haya gustado.
    Un saludo

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