miércoles, 2 de diciembre de 2009

Los Humanos en un pedestal



“El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir”

Sócrates (470 AC-399 AC) Filósofo griego.

“El orgullo está antes de un ruidoso estrellarse; y un espíritu altivo, antes del tropiezo” (Proverbios 16:18)


Cita del libro: LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Para compartir el planeta con los animales que amamos

de Jane Goodall y Marc Bekoff





SEGUNDO MANDAMIENTO
RESPETAR TODAS LAS FORMAS DE VIDA

Los humanos tendemos a mirar el mundo que nos rodea intentando categorizarlo, simplificando así la maravillosa y diversa colección de formas vivientes. Tenemos cerebros grandes y altamente desarrollados, con impresionantes capacidades para el pensamiento racional y abstracto.
Tenemos también un modo sofisticado unos con otros mediante palabras.
Y todo esto ha llevado al mundo occidental a creer que los humanos se yerguen en un glorioso pedestal respecto al reino animal. Hemos colocado a los grandes simios en el siguiente escalón, luego a los monos, cetáceos, perros, etcétera, hasta llegar a los insectos, moluscos y esponjas. Lo peor de esta forma de pensar es la firme creencia de que somos superiores al resto del mundo animal. Hemos sido capaces de dominar a otras formas de vida con nuestros grandes cerebros y avanzada tecnología. Todas aquellas personas educadas en el pensamiento judeocristiano dan por hecho que la Tierra y todas sus riquezas, incluidos los animales, fueron creados para nuestro beneficio. La ciencia occidental se ha ido distanciando gradualmente de la religión, sobre todo debido al surgimiento de la teoría de la evolución de Charles Darwin, pero la confianza en la superioridad de los seres humanos ha permanecido.


Nuestra dominación sobre el resto de los animales es completamente absoluta. No sólo podemos matarlos en estado salvaje y destruir sus hogares, sino que también podemos ejercer un total control sobre ellos, incluidos los de mayor tamaño. Sabemos cómo utilizar el dolor para someter y controlar. Todavía existen cerdos y camellos con anillos de acero atravesados en la nariz. Hay picanas para infligir al ganado crueles pinchazos de dolor que atraviesan cuerpos cautivos y rebeldes. Hay rifles con anestesia para capturar, látigos y espuelas para golpear y aguijonear, y en último caso, pistolas que matan.
Obligamos a las” bestias de carga”-caballos, burros, mulas, camellos, yaks y elefantes- a llevarnos junto con nuestros enseres o a arrastrarnos. Hemos obligado a caballos, perros, e incluso a delfines, a tomar parte en nuestras terribles guerras- y en tiempos antiguos , como sabemos bien por Aníbal, también se utilizaban elefantes en las batallas- . A los monos capuchinos les separan de sus madres, les quitan los dientes y les someten a un duro adiestramiento con el objetivo de convertirlos en “manos auxiliares” de los parapléjicos. En nuestros laboratorios de investigación se utilizan millones de animales, desde ratas a chimpancés, para probar en ellos ciertos medicamentos o vacunas, estudiar determinadas enfermedades, aprender sobre los efectos de los viajes espaciales o , simplemente, para descubrir cómo funcionan por dentro. Realizamos disecciones con ellos para enseñar a nuestros jóvenes. Los enjaulamos en nuestros zoológicos y los disecamos para ponerlos en los museos. Los adiestramos, con técnicas a menudo muy crueles , para que puedan servirnos de entretenimiento. Los criamos en condiciones incalificables de cautiverio para alimentar nuestras , cada vez, más grandes poblaciones.

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