sábado, 26 de diciembre de 2009

El animalismo que admiro y me duele


Me gustaría, aprovechando fechas que invitan a balances, expresar mi admiración y gratitud a todos aquellos que vienen entregando su tiempo, su sudor, sus lágrimas y hasta su dinero, por lograr un mayor respeto a los derechos fundamentales de los animales; un debate que a estas alturas debería estar más que superado y que sin embargo, continúa inexplicable y dolorosamente abierto, porque abiertas permanecen también las heridas por las que se desangran todas esas criaturas a manos de algunos hombres, en los que la evolución, lejos de servir para alimentar su ética, se ha convertido en un instrumento al servicio del antropocentrismo más destructivo.



Sensibilidad, generosidad y afán de justicia, son valores imprescindibles para comprometerse en la lucha animalista, pero además, es necesario disponer de un estómago blindado, porque el relato de los episodios de maltrato, legal o no, que acontecen cada día en nuestro País, así como la visión de ciertas imágenes, son una prueba muy dura y extremadamente difícil de superar. Ni que decir tiene, insignificante comparada con la de aquellos que han de enfrentarse en vivo a las consecuencias directas de la barbarie humana. Y casi siempre lo hacen en silencio y sin contar con más ayuda ni compañía que las otorgadas por su vocación y su angustia.




No todos, empezando por mí, gozamos de tal capacidad para ser testigos de tanta sinrazón y sufrimiento sin retorcernos de rabia, de asco y de espanto. Y así, a menudo, sólo porque la obsesión por ponerle fin a esos crímenes es superior en intensidad a cualquier otro condicionante, podemos tragar hiel y seguir adelante, jurando ante el gato al que vemos agonizar después de que lo hayan desollado vivo, frente al cadáver de una burrita violada con un palo, o contemplando al toro que vomita borbotones sanguinolentos tras ser alanceado, que no olvidaremos su padecimiento ni habremos de rendirnos, hasta que sus asesinos reciban el castigo que tan miserables y cobardes acciones merecen. Lo que es tanto como hacerles la promesa de que nuestra batalla continuará hasta que el Código Penal, convierta en delito aquello que hoy no es más que una falta o incluso, ostenta todavía la condición de acontecimiento deportivo, representación artística, manifestación cultural, negocio o supuesta necesidad



Los animales se ven privados de la facultad de darnos las gracias y acáso, ni las necesitemos, pero es que posiblemente, ni las merezcamos por su parte. Porque si bien estas palabras son un sincero reconocimiento a la imprescindible labor del movimiento animalista, lo cierto es que incurrimos en gran cantidad de errores, en carencias, en egoísmos y hasta en necedades.


No hemos sido válidos, de momento, para trasladar con toda su complejidad, la realidad de esta tragedia cotidiana, contribuyendo con nuestra ineptitud a que la ignorancia colectiva, la más valiosa aliada de los maltratadores, siga siendo la característica que con mayor propiedad se le puede aplicar a todas las formas que subsisten de explotación de los animales.




Y tan imperdonable y nefasta impericia, tal vez se deba a que hasta ahora, no hemos demostrado la predisposición a constituirnos en un movimiento sin fisuras, ajeno a la debilidad que la división de fuerzas genera. Y en ese sentido, no podemos esperar gratitud de aquellos a los que defendemos sino un más que merecido reproche, porque siendo su única esperanza, frecuentemente habrán de sentirse decepcionados con nuestra negligente conducta; y si ellos no lo hacen dado que su irracionalidad no les permite tales reflexiones, nosotros mismos deberíamos de ser los primeros en reconocer lo equivocado del camino que a menudo escogemos en esta lucha.



Comencé escribiendo sobre admiración y agradecimiento, y finalizo haciéndolo de reproches y decepciones. Unas valoraciones y otras son compatibles, porque nadie niega las mejores intenciones ni lo valioso del esfuerzo y del compromiso, pero eso no puede convertirnos en ciegos ante las consecuencias de nuestros fallos.


De ningún modo podemos sentirnos plenamente orgullosos ni satisfechos, y lo deseable es que los pequeños logros nos sirvan para infundir ánimos y para aprender de las equivocaciones, no es inteligente dejarnos llevar por la arrogancia y creer que estamos cumpliendo con nuestras obligaciones para con aquellos a los que siempre les corresponden los desechos de la moral humana, porque en el movimiento animalista seguimos mostrándonos como numerosos grupúsculos, desorganizados, desunidos y a veces, parece que con intereses dispares. Si nos empeñamos en continuar así, tardaremos mucho más tiempo en que los animales dejen de padecer y de morir por culpa de la intervención del hombre.




Gracias a todos compañeros y enhorabuena por lo conseguido, pero por favor, detengámonos a analizar qué es lo que estamos haciendo mal, porque a estas alturas, deberíamos de haber avanzado mucho más. Sin autocrítica no hay voluntad de enmienda ni posibilidad de superar los errores, errores que cuestan muchas vidas cada día. Por eso, antes de susurrar con mil voces aisladas que “no al maltrato a los animales”, expresemos de forma clara y rotunda a los nuestros, que queremos luchar todos unidos y tal vez, en la próxima ocasión, esos susurros se transformen en un único grito atronador e imposible de ignorar.




Siempre acusamos a los responsables políticos de indiferencia ante el infortunio terrible y permanente al que condenamos los seres humanos a los animales, pero tal vez, su desinterés y su falta de sensibilidad, se deba en gran medida a que nosotros, los animalistas, somos unos grandes indolentes, acomodados en una dinámica tan repetitiva como improductiva y sobre todo, demasiado empeñados en ponerle nombres propios a una lucha que ha de ser universal y anónima, como anónimas son todas las criaturas que siguen muriendo cada día, mientras a nosotros se nos llena la boca con la promesa de hacerles justicia.


Julio Ortega Fraile 




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2 comentarios:

  1. La lucha animalista es realmente desesperante. Yo tengo una depresión de caballo y un cansancio crónico que no me aguanto. Para uno que salvamos mueren miles. Pero supongo que hay que seguir.
    Un besazo.

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  2. Spooky, te entiendo perfectamente.

    Recuerda el poema que puse aquí hace unos días:

    "No te rindas"

    http://noestamalserhumildeporlasdudas.blogspot.com/2009/12/por-favorno-te-rindas.html

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